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lunes, 28 de julio de 2014

Sin Alma de Inmigrante

Yo no tengo alma de inmigrante.

Avila Panorámica

Hay gente que desde su adolescencia fantasea con irse de su país, se lo plantean seriamente y buscan nuevos rumbos de cualquier forma, haciendo un deporte, consiguiendo una beca, por intercambio, en fin, de alguna manera se aseguran de salir, de vivir lejos de casa al menos por un tiempo que puede variar entre 6 meses, 5 años o más. Yo no. Yo moría de miedo de sólo imaginarme lejos de casa, una vez estando muchacha, escuché por primera vez eso de los intercambios estudiantiles y ¡me daba terror! Eso de irme de mi casa y caer como paracaidista en la casa de una familia en algún lugar del mundo, para ser por un año la “hija” de esa gente, me parecía la situación más abrumadora del planeta, no podía ni imaginarme en esa situación sin que me diera como un frío por todo el cuerpo. Y es que sí, eso es algo a lo que siempre le he temido. Incluso un viaje de esos de quinceañeras, aunque me hubiese encantado, me daba como nervio. Conozco a varias personas, algunas de ellas grandes y viejas amigas, que desde muchachas se fueron de la comodidad y calidez de su hogar, para experimentar en otras latitudes. Las admiro! Y es que yo no tengo ese espíritu, no es que no me guste viajar, me encanta y me gustaría conocer muchos lugares del mundo, pero el hecho de moverme de mi casa a otro lugar, incluso dentro de mi país, de vacaciones, a un sitio conocido y como mi segunda casa, como Pto. La Cruz, me pone incómoda, me sobrecoge un poco todo ese proceso de hacer maletas y dejar mi cueva, luego lo disfruto, claro está, pero ese momento en el que uno se prepara para el viaje y se despide, me pone tensa, y por supuesto, luego de unos días o un par de semanas ya extraño mi cueva y mis rutinas. Me gustaría ser más aventurera en ese sentido, pero esa no es la realidad, la realidad es que soy bastante miedosa para eso y digo miedosa y no cobarde porque una vez leí que ser valiente no es no sentir miedo, sino avanzar a pesar del mismo, y eso sí que te tengo yo, yo aterrada, pero pa’lante, insegura, pero pa’lante, abrumada, pero pa’lante, por eso no me declaro cobarde en absoluto. Volviendo al punto, es que sí, hay gente que nace para gitana, son nómadas de nacimiento y otros, como yo, que no.

Y resulta que me tocó, eso a lo que tanto le venía temiendo desde hace largo tiempo, eso que desde hace aproximadamente doce años comenzó a presentarse como una opción, por como venía avanzando el cáncer de mi país. “¿Y si nos vamos?”, me decía mi novio para ese entonces y yo sólo de escuchar la pregunta y asomarme a una imaginaria respuesta positiva, sentía que se me caía el mundo, entonces, hablábamos de otra cosa, pasábamos el tema casi como con tabú. Estábamos en 2002, yo tenía 25 años y mi país ya estaba sumido en una crisis política y social bastante fuerte, pero estaba la esperanza “en cualquier momento este gobierno se cae”, “el tipo renuncia”, “al tipo lo tumban”, “el paro va a acabar con este gobierno”, “hay un rumor de que unos militares se levantan esta noche”… y así fueron pasando días, semanas… años.

Entonces llegamos casi sin darnos cuenta a 2010, agotados de tanto reclamar por una cosa y por la otra, de tanto sentirnos marginados en nuestro propio país por no vestirnos de rojo y “el tipo” continuaba gobernando y también continuaban los rumores esperanzadores, pero ya yo estaba bastante cansada de tanto odio y retraso y se me presenta otra vez la idea de salir del país, esta vez sola y con un destino fijado: Bogotá. A Bogotá me la presentó un amigo muy especial, me hablaba día y noche de las bondades de la ciudad, del clima, de las posibilidades, de la gente, de la educación, en fin, que poco a poco me iba enamorando de él y de Bogotá. A estas alturas del cuento, ya yo tenía mi vida patas pa’rriba, prácticamente acababa de terminar una relación de muchos años, estaba enamorada hasta los huesos de alguien que, aunque me correspondía, no estaba preparado para una relación estable con nadie y para colmo estaba preparándose para irse del país, lo cual me anunciaba otro duelo en un futuro bastante cercano, estaba harta ya de tanto no entender a mi país, de tanto pelear, de tanto luchar, de tanta marcha, tenía el alma revuelta por varios motivos y bueno, consideré a pesar del terror, la idea de irme de mi tierra. Hice, animada por mi amado de entonces, mi primer viaje fuera del país, sola, desorientada, con el dinero contado y con un despecho crudito porque ya no vería más (y hasta el sol de hoy sigo sin verlo) al, para ese entonces, dueño de mi corazón. A pesar de mi situación emocional durísima, me enamoré de Bogotá, fui allí no como turista, si no como alguien que iba para quedarse, fui a tantear el terreno, a conocer sus calles como las calles que luego caminaría a diario en esa vida que comenzaba a inventarme, guayabo en mano, para mi futuro. Me enamoré de la ciudad y de la gente. Llegué, con una maleta enorme a la casa de una paisa adorable que sin conocerme, me abrió las puertas de su casa, allí estuve los primeros 10 días, fueron días muy duros, muy fríos, muy solos, mi anfitriona trabajaba mucho y no tenía demasiado tiempo para lidiar con esta suerte de invasora que cargaba la empalizada en el suelo, mucho hizo, ciertamente, al abrirme las puertas de su casa de par en par, sin siquiera saber quién era yo, eso se lo agradeceré siempre. Luego llegué a casa de Daniel, 13 días estuve allí sintiéndome una más entre ellos, allá la cosa estuvo un poco más cálida, hasta viajé con ellos a un pozo petrolero para hacer una función de mimos. Fueron 23 mis días en Bogotá, yo lo sentí como tres meses más o menos, la intensidad de ese momento en mi vida, así lo hacían ver. Me quedaron hermosos recuerdos del lugar y de su gente, cariños que no voy a borrar así ya no los vuelva a ver: Bibiana, Milena y familia, Daniel, Willderman, Katta y el resto de los muchachos, todos muy lindos y amables. Yo espero haberles dado una buena impresión a pesar de no haber estado en mi mejor momento. De ese viaje también me quedó la certeza de que no importa lo mal que esté, siempre puedo seguir adelante, que no importa lo grande del miedo, yo soy más grande, que no importa que llore en las noches, siempre y cuando en las mañanas me levante dispuesta a continuar, a vivir y experimentar. Y llegó el 5 de agosto y me regresaba a mi amada patria, me recibió la enorme pancarta en el aeropuerto con la cara de Chávez y su “Patria, socialismo o muerte”, bueno, se acabaron las vacaciones de la pesadilla más larga de la historia (al menos de MI HISTORIA). Llegué dispuesta a resolver lo que tuviera que resolver para irme a Bogotá, tenía hasta un contrato de trabajo que me dio Daniel, para sacar la visa y estar legal en el país. Mi visita al consulado colombiano no arrojó buenas noticias y la rutina, el día a día cargado de tantas noticias que no dan chance a digerir ninguna, el miedo a salir de mi cueva y la terquedad de seguir luchando con la esperanza de que la era roja del país llegara a su fin, hizo lo suyo y el sueño de Bogotá se fue posponiendo y quedando atrás. Bueno, todo eso y que mi vida personal estaba pasando por grandes cambios que exigían atención.

Continúa el conteo regresivo para irme del país, a pesar de mí misma y llegamos a un terrible 7 de octubre de 2012, triste día para mi patria, otro más, pero éste muy significativo, un moribundo Chávez gana (según el podrido CNE) las elecciones presidenciales, yo embarazada de 37 semanas aproximadamente, lloraba a gritos y a moco tendido, en el piso de mi casa, sabiendo que mi hija estaba por nacer en un país secuestrado por unas bestias rojas sin escrúpulos de ningún tipo, sabiendo que ese resultado significaba que mis días en Venezuela estaban contados, que no sabía a dónde, ni en qué circunstancias, pero debía buscar junto con mi esposo, otro destino que nos librara de ese desastre de país en el nos habíamos convertido y que ya no quedaba esperanza cercana de recuperar.

Tener un hijo absorbe mucho y si quieres dar teta exclusiva y hacer crianza con apego, mucho más, así que desde el maravilloso e irrepetible 3 de noviembre de 2012, mi foco de atención fue Sarah Valentina, así que el tema país, aunque ineludible, pasó a un segundo o tercer plano. Sin embargo, es difícil no prestar atención a la debacle del país, es difícil cuando sientes que los pedazos del país te comienzan a caer encima y debes entrar a varios supermercados para poder encontrar un producto y ves colas y colas por todas partes porque “en el Plaza’s llegó la leche” o “en Central Madeirense llegó aceite”, es difícil mantenerte distante cuando comienzas a ver indiscretamente las bolsas de mercado de la gente en la calle, para ver si consiguieron harina de maíz y salir corriendo al supermercado a ver si todavía queda, cuando hablas con tus padres y te dicen que no consiguen papel higiénico, te enteras de que mataron al novio de una amiga de tu sobrina, que secuestraron a un vecino de Montalbán, es difícil mantenerse distante cuando sabes que el “presidente” se murió, pero que fue tan hijo de puta, que antes de hacerlo se encargó de dejar un sucesor en el corazón rojito de sus obcecados seguidores y que por supuesto (según el mismo CNE rojito) también ganó las elecciones aunque todo el mundo sabe que éste tipejo no le llega a los pies ni siquiera a Chávez, o sea, que esta vaina es mucho camisón pa’ Petra, pero total, no importa, no importa nada, no importa el país, el pueblo, la economía, lo que importa es mantenerse en el poder, lo que importa es votar por el idiota porque el “comandante supremo intergaláctico” así lo pidió antes de morir. O sea, todo el mundo se caga en el país. Entonces aunque uno no lo quiera se engancha y pelea a diario por la escasez, por la inseguridad, por la inflación, por la anarquía, por la crisis moral, por el miedo de no saber si llegas vivo a tu casa, y te das cuenta de que tienes 36 años y llevas casi 15, peleando por el país y que parece que nada vale la pena, que por ti, pero sobretodo por tu hija que es un ser inocente, que merece mucho, mucho más, debes darte la vuelta y buscar otro camino, otro lugar, que no se puede seguir mal viviendo, que no lo mereces.

Llegan los días más grises en la historia contemporánea del país y tú lo padeces hasta los huesos y junto con tu esposo, tomas la decisión de abrirte a nuevos rumbos, ahora sí, no podemos seguirlo postergando, tenemos una hermosa bebé de meses que merece no sólo una mejor vida de la que le podemos ofrecer en Venezuela, si no unos padres más felices, para poder darle lo mejor de nosotros. Comienzan a enviar currículos a diferentes destinos, Bogotá el primero en mi lista, pero cabe casi cualquier cosa, lo más importante es salir de donde estamos. En esta cuenta regresiva, me detengo en otro fatídico, pero sobretodo simbólico día, el 06 de enero 2014, a casi 15 años completos de “Revolución Bonita”, matan vilmente a Mónica Spear y su esposo y le meten un tiro en la pierna a su hija de 6 años. No es que Mónica fuera más importante que los muertos de todos los días, es que es una cara conocida, es que cuando se es artista de TV, la gente te siente como si fueras de su familia y esta muchacha era como de la familia de todos los venezolanos. Más allá del hecho de que fuera conocida o no, están las terribles circunstancias de su muerte, una mujer joven, exitosa, buena gente, viene a su país de vacaciones (porque no vivía aquí) a pesar de todas las noticias, a pesar de las estadísticas de inseguridad, viene a vacacionar en su país, porque quiere que su hija conozca sus maravillas y ame el país de su madre, y en qué termina la historia, en que de regreso a Caracas, de noche, cae en uno de los muchísimos huecos de las carreteras, se accidenta y la abordan para robarla y por encerrarse, presa del miedo, en el carro, es fríamente asesinada junto con su esposo y como saldo quedan, dos jóvenes padres muertos y una nena de 6 años huérfana y con una cicatriz en la pierna que le va a recordar para siempre el peor día de su vida. ¡Qué mal me sentí ese día! ¡Qué indignación! ¡Qué miedo! ¡Qué frustración! ¡Qué impotencia! ¡¡Qué rabia!! Ese día le dije a mi esposo con mi hija en brazos “¡Alejandro, me quiero ir YA!”. Y es que el pánico me invadió, pudimos haber sido nosotros, habíamos llegado a Caracas dos o tres días antes, por otra carretera, pero igual llena de huecos y de maleantes. Y los ángeles dijeron “amén” y al día siguiente Alejandro estaba recibiendo el primer correo desde Costa Rica, ofreciéndole una posibilidad de empleo. Algunas entrevistas y mucha corredera más tarde llegó ese día, ése al que tanto le temí, ése que esperaba con ansias y con mucho miedo, que sabía que llegaría, pero no cuándo ni cómo, y el 23 de marzo de2014 le dije “Adiós” a mi Ávila, mientras lo veía alejarse, ese día le di muchos besos a mis papis, a mi hermano, a mi sobrina Paula, fuertes abrazos a mis muy queridos suegros y me fui, con el alma paralizada, con el corazón y la cabeza como anestesiadas para que no doliera tanto. Pero duele, duele a diario, porque yo no soy así, porque yo no hubiese querido nunca estar en esta situación, porque siento que no tuve opción, que era una situación de vida o muerte, que estaba contra la pared y debí tomar la decisión más difícil de mi vida. Yo me fui de Venezuela, pero a ella la cargo enterita dentro de mí, y ahora debo lidiar con eso, ahora debo llorarla tanto como se lloran a los amores que se van, ahora vivo el despecho más grande de mi historia (y vaya que eso es bastante decir). Yo sé que todo está bien y que esta es otra oportunidad para superarme a mí misma, para transformarme, para crecer, para evolucionar, y sé que todo tiene su proceso y que estas cosas deben doler, nadie me tiene que explicar eso, así como nadie me tiene que explicar que esto es por nuestro bien y bla, bla, bla. Yo la teoría me la sé enterita, pero necesito llorar todas las veces que sea necesario, este dolor de no poder estar en mi patria amada, de no poder ver a mi hija crecer junto con sus abuelos, sus ti@s, de saber que mi hija no va a bailar Joropo, tambores o El Carite, en los actos del colegio...

Venezuela, ¡¡Cómo te amo!! ¡¡Cuánto me dueles!! Ojalá que Dios no se haya olvidado completamente de ti, a veces creo que sí.

Costa Rica, eres muy diferente, para bien y para mal, y también tienes muchas cosas en común con mi tierra. Sé que poco a poco aprenderé a quererte. Gracias por la oportunidad, gracias por recibirnos. Dios te bendiga.


Palabras de sabiduría:

…Y si un día tengo que naufragar y el tifón rompe mis velas, enterrad mi cuerpo cerca del mar, en Venezuela

Canción Venezuela
Pablo Herrero y José Luis Armenteros

miércoles, 26 de octubre de 2011

Cerrando heridas, el ejercicio de la despedida

Muchas veces en nuestra vida hay capítulos inconclusos.  Sentimientos que siguen allí, tristezas que nos hacen derramar lágrimas al toque de una nota.  Amores que nos hacen tambalear a la aparición del ser amado.  Rencores que nos hacen perder oportunidades de reconciliación y muchas otras cosas que seguramente pueden pasar por sus mentes, mi muy apreciad@s lectoræs.

En ocasiones tomamos decisiones, cambiamos nuestro rumbo, hacemos un sin fin de jugadas en nuestra vida y de pronto algo pasa que hace que todo se remueva dentro de nosotros.  Son hilos, conexiones que nunca cortamos, historias que nunca dejamos del todo.

Hace tiempo que, entre decisiones, me aparté de una vida entera, moví mis pasos en una nueva dirección…  Lleno de incertidumbre. Entre pasos y paisajes me encontré en otros brazos, me encontré cambiando, me encontré con una parte de mí que había ignorado durante años y luego me encontré a mi mismo.

Conocí gente, cambié de trabajo, seguí conociendo gente y hubo gente a la que casi conocí, volví a cambiar de trabajo y ahora sigo conociendo gente pero de manera distinta.

Este artículo, más que un artículo es muchas cartas en una sola.  Este artículo, estas cartas es mi despedida de aquellas partes de mi vida que por ausencia y no por presencia me tocan el corazón y el alma entera de una manera dolorosa.

¿Por qué ahora?  Porque sí, porque siguiendo mis propias palabras acerca de la decisión de ser feliz, hoy decido no darle más cabida al dolor ocasionado por la ausencia autoimpuesta de algunas personas en mi vida, no por mi, sino por ell@s mism@s.

Walk away 01

Querid@ a quien corresponda,

Fue mucho lo que compartimos.  Fue intenso lo que sentimos.  En ocasiones, mi queridísim@ <pon tu nombre aquí si te sientes aludid@> pareció que estábamos destinados a poder contra todo.  Sin embargo, la vida, los astros, Dios y hasta nosotros mismos, supimos en algún momento que sucedería lo inevitable o, simplemente, porque no sucedió entonces una historia hermosísima lista para comenzar a escribirse se quedó en apenas un título y un borrador.

A ti y a ti, ustedes que están siempre juntas que formaron parte de mi tan profundamente que llegué a aislarme casi completamente del resto del mundo, después de vivir todos esos años como una familia, luchando contra adversidades, celebrando éxitos y superando fracasos.  Después de entregado casi una década entera de mi vida a tratar de mejorar todas nuestras vidas en conjunto.  Después de sentirme dichoso junto a ustedes y de sentir que tenía una familia, no logro entender cómo se deben cortar los lazos tan abruptamente que no quede entre nosotros nada más allá que el espacio impersonal de Facebook o una imagen en Messenger de la cual nunca obtengo respuesta.  Sin embargo, así como ustedes se vieron, lamentablemente, forzadas a respetar mi decisión de partir hacia otros rumbos, igualmente yo comencé en algún momento a respetar su decisión y dejé de buscar un contacto que siempre terminó en esfuerzos vanos por establecer un puente entre nosotros.  Hoy me despido de ustedes, porque, aparentemente, ese es su deseo.  Las amé y las amo profundamente, pero no como hace 10 años, no más ni menos, sólo de distinta manera.  Me preocupo, pero me veo de manos atadas ante teléfonos que repicaron hasta el cansancio y chats con monólogos de saludos.  Hoy dejo la puerta abierta para que pasen cuando así lo deseen, pero no me seguiré asomando a gritar sus nombres para invitarlas a pasar.  No sé si leerán esto, pero sé que lo escribo más para mi y para que mi persona lo asimilé que por esperar una respuesta de donde nunca más obtuve ni una palabra.  Adiós, hasta la vista…  Quizás hasta una nueva estación cuando nos toque compartir algún espacio.  Adiós.

A ti, que en pocas semanas iluminaste mi vida y le diste sentido luego a todas esas estúpidas frases del amor doloroso y el amor que golpea y el amor imposible.  A tí, que te invité a entrar en mi vida, en mis sueños y mis planes, en mi futuro, pero mejor aún, en mi presente…  A tí que tuviste la puerta abierta, la alfombra tendida a tus pies y mi mano abierta en gesto pleno de esperanza de sentir tu alma junto a la mía.  A ti, que una duda te alejó de un camino que auguraba hermosísimos momentos y un futuro brillante lleno de felicidad.  A ti, que extrañamente te alejaste de pronto, dejándome con un corazón echo pedazos.  Tú que fuiste sólo el prólogo, pero nunca la historia.  Tú que también decidiste privarme de escuchar tu voz y no volver a escuchar la mía a leer mis palabras en directo.  Esta parte, es tu despedida.  Hoy te digo adiós porque te has negado a entrar en mi vida de cualquier manera y no soy quién para obligarte.  Gracias por la esperanza que abriste en mi.  Gracias por sensibilizarme cuando estaba por volverme algo que muchas veces puse en tela de juicio.  Gracias por tus palabras dulces.  Gracias por los bellos momentos.  Gracias por la ilusión.  Gracias por recordarme que debo ser bueno, pero no un completo idiota que prioriza a alguien más sobre sí mismo.  Gracias por abrir una herida que me impulsó a variar mi camino.  Gracias por prepararme para tomar la decisión de ser feliz, de nuevo.  Gracias por todo eso.  Lamento que no dieras ese último paso en el umbral de la puerta a mi vida, pues creo que la experiencia hubiera sido mucho más enriquecedora, pero no lamento haberte conocido puesto que tengo mucho que agradecerte.  Así que gracias por todo y que Dios ilumine y guíe tus pasos hacia un futuro lleno de mucha más felicidad que la que hubieras compartido conmigo.  Adiós, hasta luego.  Para ti, la puerta de mi vida estará igualmente abierta, pero tampoco seguiré llamando a tu nombre para que finalmente entres por el portal.  Allí está y cuando quieras lo atraviesas.  Sólo recuerda que ahora, las reglas cambiaron.

Me despido porque cada quien tomó sus decisiones y continuó con su vida, como debe ser.  La vida no se detiene y nosotros no podemos pausar nuestro andar porque alguien más así lo quiera.  Nuestros pasos pueden ser más lentos durante un tramo, puede ser que nos detengamos un momento para descansar y recobrar energías, pero jamás detenernos por alguien que no seamos nosotros mismos.

A ustedes, quienes quedan en alguno de los capítulos pasados de mi historia, por decisión de ustedes mism@s, recuerden que les envío mis mejores deseos de salud, prosperidad, felicidad y amor.  Alguna vez fueron una parte esencial de mi vida, gracias a ustedes estoy donde estoy y he aprendido parte de lo que he aprendido.  Así que no puedo sino desearles un futuro venturoso y alguna aparición como invitad@s especiales en un capítulo futuro de mi propia historia.  Como siempre, ¡se les quiere!

Ale…

good-bye Hay otras despedidas que tengo pendientes, pero ya esto se hace muy largo y creo que entienden la idea.  L@s invito, mis querid@s lectoræs a hacer este ejercicio y despedirse de cuanta cosa o persona o, incluso, partes de ustedes que influyan de una manera negativa en su vida.  Verán cómo su paso se aviva, cómo el camino para cada meta parece más corto y cómo se sienten casi capaces de volar con tan solo desearlo.  ¡Bienvenid@s a la libertad!

domingo, 17 de julio de 2011

Conversaciones Conmigo – Protagonista de mi vida

Algunas veces estamos tan ocupados con el trabajo, la familia, la casa, las cuentas, los planes y otras tantas cosas que rodean nuestra vida que se nos pasan los días en un sinnúmero de tareas que mantienen nuestro foco de atención centrado en ellas llegando, incluso, a hacernos perder de vita el sentido mismo de nuestra existencia.

questioningAlgunas veces, amanecemos con una pregunta en la cabeza: ¿qué estoy haciendo?  Y junto a ella llegan otras más, tales como: ¿quién soy? ¿me reconozco? ¿dónde estoy? ¿de dónde vengo? ¿a dónde voy?

Resulta entonces que te veo en el espejo y me pregunto si aún te conozco.  Si aún eres ese pana (coloquio que significa amigo en Venezuela) con el que disfruto tanto el tiempo.  Me pregunto qué me dirías si te preguntara qué es lo más importante en tu vida.  O si te pregunto qué es lo mejor que te ha pasado.  O qué es lo que más deseas hacer antes de morir.

Conforme pasan los años, las respuestas cambian.  Unas más, otras menos…  Pero todas terminan cambiando en un momento u otro.

puppetEn algún punto la primera pregunta cobra sentido, y me cuestiono si soy el protagonista de mi vida, tomando decisiones o si simplemente nado a favor de la corriente, convenciéndome de que decido en todo momento hacia dónde nado.

Esta es una reflexión recurrente, no demasiado frecuente pero sí muy consistente, y que me lleva a poner todo en lo que creo en tela de juicio.  Dudo de ti, mi querido amigo.  Dudo también de mí.  Y pongo mis ideas a la intemperie para probar su resistencia, su realidad, su verdad…  Que no necesariamente es la que ahora es mía.

Parece paradójico que la verdad de mis ideas no sea mi verdad, pero si mis ideas cambian de tanto en tanto, si mi rumbo se altera y mis respuestas existenciales son diferentes es por que mi verdad ha cambiado y mis ideas también deben hacerlo.

changeEste tipo de renovación interior te permite evolucionar, adaptarte a nuevas circunstancias, asimilar tus vivencias y corregir el rumbo, mientras las corrientes tratan de alterar tu navegación.

El ser humano es, porque así fue diseñado, el organismo más adaptable sobre el planeta, tenemos las herramientas, la inteligencia y la capacidad para sobrevivir y cambiar nuestro entorno y hasta a nosotros mismos para poblar cualquier lugar del planeta.

Nuestra mente y nuestros sentimientos no son la excepción a esta regla.  Sobrevivimos, sanamos heridas, cerramos ciclos, nos adaptamos a una nueva realidad emocional y continuamos en ese camino que es la vida.  Cazando sueños y creando realidades.

Tenemos la capacidad.  Más aún, tenemos todo lo necesario para que nuestra vida sea precisamente nuestra. Para dejar el azar a un lado y tomar nuestras decisiones para develar nuestro destino.

Decisiones.  O destino…  Eso es parte de otro artículo que puedes leer haciendo click AQUÍ

Palabras de sabiduría:

El hombre se autorrealiza en la misma medida en que se compromete al cumplimiento del sentido de su vida.

Viktor Frankl

martes, 1 de marzo de 2011

La mayor mentira: Yo quiero un Príncipe Azul

Este artículo fue escrito en un momento de profunda tristeza, mezclada con una buena porción de frustración, algunas cucharadas de decepción y mucho cansancio.  Estuvo varios meses esperando ser publicado y pensé en no hacerlo…  Sin embargo, hoy en día creo que tales palabras seguramente resultarán muy afines para más de una persona que pueda estar por allí preguntándose por qué resulta tan malo ser bueno.

Es absolutamente increíble cómo las mujeres quieren y pueden desafiar cualquier lógica, cualquier sentimiento e ignorar cualquier señal de felicidad en favor de procurarse una vida de novela llena de sufrimiento, dolor y un  tipo que llena escasamente sus expectativas afectivas, por no mencionar las demás.

Yo he aprendido esto de la peor manera.  Amando.  Primera vez…  Te dejo porque…  Eres demasiado bueno.  No te merezco.  Segunda vez…  Misma historia, sólo que me lo olí segundos antes y esta vez yo mismo dije Me dejas porque soy…  Hmmm… ¡Demasiado bueno!  Tercera vez…  Años…  Comenzamos a no funcionar.  Se acaba.  Cuarta vez….  Más años aun…  Circunstancias, actitudes, visiones de vida…  Toca estar solo de nuevo.   Mis amigas insisten en que soy todo un príncipe, un ángel, un regalo de Dios y muchas otras cosas buenas…  Pero por algún motivo, siempre soy demasiado algo…

Demasiado tierno

Demasiado bueno

Demasiado cariñoso

Demasiado atento

Demasiado… mis pelotas!!!

¿A quién se le puede ocurrir que uno es demasiado “algo bueno”?  ¡Ahhhh!  Claro… ¡A una mujer!  Si el tipo es atento, detallista, dedicado, cariñoso, abierto, sensible y demás…  Entonces, ese no es el indicado, porque ese seguro les va a dar una vida completamente feliz…  No sirve. –.-”  ¿Dónde quedan el drama, los engaños, los gritos, las humillaciones?  Si la mayoría tienen mamarrachos que no les dan su puesto, que priorizan a los amigotes, las amantes, los juegos de fútbol o beisbol y hasta el trabajo antes que a sus mujeres y ellas dicen ser felices debe ser porque así funciona, ¿verdad?

¡¿Aló?! Chicas, despotriquen, protesten, digan lo que quieran, pero es un hecho comprobable.  No hablo de que tengan a un monigote que haga lo que ustedes dicen a su lado, sino un tipo con personalidad que desea compartir su felicidad con ustedes.  Cuando lo ven venir, así, serio, decidido, entregado…  Van y se asustan y piensan: Es demasiado bueno.

Pues les voy a decir algo…  Eso es lo que hace de los hombres una cuerda de mamarrachos.  Así que sigan botando a los príncipes por demasiado buenos y luego vayan a quejarse de que no existen.  A ver si alguien les para, porque yo estoy francamente agotado, física, mental y emocionalmente de tanta porquería.

No me vengan con que justo ustedes sí quieren al príncipe y nunca botarían a uno de esos escasos especímenes…  Porque es casi seguro que lo han hecho alguna vez.

Por mi parte, creo que renuncio al puesto de Príncipe Azul…  O mejor dicho, como no consigo trabajo como príncipe azul, decido no seguir ofreciéndome en el mercado sentimental como tal.  Ya no más.  Si acaso alguna mujer logra ver a través de las murallas llenas de superficialidad al verdadero yo que protege su corazón detrás de tales defensas, entonces, y sólo cuando ella consiga la llave, se abrirán las puertas una vez más.

Hoy, después de algunos tragos amargos y tras comprender un cierto número de cosas me doy cuenta de que si alguien consideró que yo era demasiado bueno en un momento dado, sólo podía el resultado del miedo a la felicidad, el miedo a no poder quejarse, un poco de esa adicción al drama de los seres humanos y una profunda incredulidad a conseguir un amor bonito.

Y ojo, claramente estas palabras están íntimamente escritas desde la visión masculina.  Pero estoy seguro de que con unos ajustes aquí y allá se adaptaría perfectamente a más de una historia femenina que haya resultado en un hombre diciendo: Tenemos que hablar, eres demasiado buena…  No te merezco.

domingo, 23 de enero de 2011

Invitad@ Especial – Yo Quiero

Alguien muy especial para mí, la protagonista de Almas Gemelas, Claudy De Sousa, me confió la lectura de un escrito de su autoría de hace más de 10 años.  Mientras ella ordenaba algunas cosas en su casa, consiguió estas fabulosas líneas y me concedió el honor de su lectura.  Me sentí tan identificado en varias ocasiones de mi vida que sólo atiné a pedirle su permiso para publicarlo en este espacio.  Su alto contenido emotivo me tocó, como espero que toque a algun@s de ustedes.  Los invito a transportarse a los distintos momentos de su vida que, seguramente, estarán reflejados en estas líneas.

Yo quiero y necesito salir de toda esta situación que estoy pasando.  Quiero quererme, aceptarme y entenderme tal y como soy.  Quiero creer firmemente en mí.  Quiero renovar mi fe en Dios, en mí y en la vida.  Quiero estar llena de energías positivas y buenos pensamientos.  Quiero ubicarme en la vida.

Quiero reencontrarme, quiero recuperarme.  Quiero que mi alma y mi espíritu se re-fortalezcan.  Quiero recuperar el control de mi ser.  Quiero encontrar y entender mi verdad.  Quiero sonreír desde lo más profundo de mi corazón, tanto, que en cada centímetro de mi cuerpo se manifieste esa sonrisa.  Quiero que mi aura esté completamente limpia y diga sólo cosas positivas de mí.

Quiero lograr que exista una verdadera comunicación entre Dios y yo.

Quiero deslastrarme de todo lo que me hace daño.  Quiero formarme un próspero y maravilloso futuro.  Quiero que mi vida sea absolutamente productiva y llena de logros.  Quiero relajarme y sentirme bien.  Quiero asimilar con alegría las nuevas experiencias que me ofrece la vida.  Quiero amarme, cuidarme y valorarme.  Quiero superarme cada día más.  Quiero ser, cada día, más.  Quiero demostrarme y comprobarme a mí mismo y al resto del mundo que tengo una cantidad enorme de virtudes y que sé utilizarlas.

Quiero hacer el bien, repartir amor y ser absolutamente útil para el mundo.  Quiero ser capaz de ayudar a quien me necesite.  Quiero abrirme al mundo y a sus cosas hermosas y a su gente buena.  Quiero formar una familia bonita, sana, verdadera.  Quiero tener hijos, amarlos y educarlos.  Quiero ser una mujer exitosa en mi profesión y en mi vida personal.

Quiero lograr mis sueños, alcanzar mis metas y romper las barreras y obstáculos que se me presenten.

Quiero ser LIBRE. Quiero ser FELIZ…

Yo puedo hacer todo esto y más y decido hacerlo de este mismo instante.

GRACIAS A LA VIDA Y A DIOS POR DARME LA OPORTUNIDAD y gracias por poner gente en mi camino que me ayude a lograr lo que quiero, abrir los ojos y salir adelante…

Amén.

Ccs, 11/07/98

Sueños

sábado, 27 de noviembre de 2010

Hoy soy un Superhéroe

Esta mañana, sonó el despertador.  Con sólo una fracción mi consciencia lo apago.  En escasos 2 minutos suena el segundo.  Sí, tengo dos despertadores, por si acaso.  Estiro la mano, medio dormido y se calla, tan rápido como comenzó a sonar.  Pienso que es hora de levantarse, pero que 5 minutos no harán gran diferencia.

Una hora más tarde abro los ojos de par en par. ¡Oops! Me quedé pegado a la cama…  ¡Corre! pienso para mis adentros.  el día está gris, llovizna, pero me parece un día bastante más claro que los dos días anteriores.  Me siento descansado, los ojos ya no duelen.  El dolor de cabeza también se ha ido.  No hay sequedad en en la garganta y la nariz está perfecta.

Algo trata de removerse dentro de mí.  Me estiro y, en silencio, grito: Back off, asshole…  One more step ahead and you’ll be stone cold dead.  You have no rights over my soul. (Retrocede, imbécil…  Un paso más y estarás tan muerto como una roca.  No tienes derechos sobre mi alma)  Me siento bien, me siento fuerte, me siento con ganas de luchar.  Mi mente me regaña: Deja de perder el tiempo…  ¡Es tarde!

Voy al baño.  Veo al espejo un tipo que no es en nada similar al de ayer.  Hey boy, looking good, huh? (Hey chico, te ves bien, eh?)  El sujeto en el espejo sonríe, me guiña un ojo de complicidad y mirando al cielo, como si el techo no existiera dice: ¡Oh Dios! ¿Porqué me hiciste tan bonito? (Tomado de una serie televisiva de haces unos años).  Me río.  Que bueno es sentirse bien.

Termino de acomodarme, guardo lo necesario y bajo apresurado.  enciendo el carro.  El ronroneo del motor más allá del mínimo es cómo música para mis oídos una vez más.  ¡Ah! ¡Que dulce suena! ¡Adoro a esta máquina!

¡8 de la mañana! ¡Ya debería estar en mi escritorio!

Pero no importa.  Voy sonriendo en el tráfico.  De pronto algo me hace voltear a la izquierda…  Una chica en un Aveo me está mirando fijamente.  Supongo que pensará que estoy loco por ir sonriendo en medio de una cola que casi ni se mueve.  Vuelvo mi atención al radio.  Volteo de nuevo hacia la chica y noto que se está acomodando el cabello, revisa sus ojos en el espejo retrovisor y maneja su cabellera para que los bucles caigan como en las propagandas.  Voltea insistentemente una vez más, pero en esta ocasión con esa sonrisa de “compre este champú que le dejará sus rizos espectaculares”, le sonrío.  Las luces de freno comienzan a apagarse, debemos avanzar.  Ella arranca antes que yo y en el avance noto que a su lado va un sujeto en el más profundo sueño, con todo y la boca abierta, recostado en el asiento con el respaldar un poco más bajo que el nivel de la ventana.  Sólo atino a reírme y continuar mi camino.

Caminos verdes…  Evito colas y colas… Todas las que puedo. 1 hora después estoy en la oficina.

Saludo con un gran entusiasmo, algunos ojos me miran con alegría.  Suenan las palabras es bueno tenerte de vuelta.  Sonrío una vez más.  Mi caminar de hoy, vivo, ágil y con cierto ritmo me recuerda cómo me haces sentir.  Reflexiono un par de minutos y analizo los últimos dos días.  Caminar pesado, como cansado, con un gran peso encima.  Hoy, casi flotando.  Y pienso: ¡Dios Santo!  ¡Que pesado es el miedo!

El miedo era como un ancla en el alma.  Me mantenía pegado al suelo.  Atado a la tierra, al lodo, a lo más bajo de mi ser.  Al quitármelo de encima todo cambió de panorama.

Theoden Me puse a buscar entre recuerdos de rol e historias épicas y recordé a Théoden de El Señor de Los Anillos.  Un Rey.  Líder de los guerreros a caballo más honorables y letales de toda la región.  Pasó a ser apenas un despojo humano, un títere del mal por escuchar las palabras del miedo.

He decidido ser un hombre nuevo, mejorado, decidí que mi amor, mis amig@s, mi vida, mis sueños son mucho más importantes que cualquier oferta que me tenga el miedo.  Porque lo único que me puede ofrecer es muerte.  Una vida sin amor, sin amigos, sin sueños no es más que el deambular de un cuerpo sin alma a través del tiempo.  Yo elijo ser mejor, yo elijo levantarme por encima todas sus palabras susurrantes y luchar por todo aquello que deseo!

Hoy, ¡yo soy un superhéroe!  Hoy soy ¡UN HOMBRE SIN MIEDO!

Daredevil v2 015-1

Esta es la primera lección que me has enseñado.  Vaya si fue dura.  Estuvo impresionante.  Pero aquí estoy.  Primera prueba superada.  Entre tú y yo, no  habrá miedo que valga.  Aquí estoy.  De pie, extendiendo mi mano.  Sin miedo.  ¡Como Buzz Lightyear!

viernes, 26 de noviembre de 2010

Cacheteado por mis propias palabras

Fixed Heart Anoche fue bastante terrible la hora de dormir…  Ella no salía de mi cabeza.  Su imagen me acosaba en el techo, en el escaparate, en el piso…  hasta debajo la cobija.  Finalmente…  Oculto bajo sábana y cobija, me quedo dormido eventualmente…

Me levanto al oír la voz de mi hermana.  Voy al baño a asearme.  Cepillo de dientes en mano, me miro al espejo y pienso Dude! What’s wrong? You look like shit! (Viejo, ¿Qué pasó? Te ves hecho una mierda).  El espejo sonríe con algo de sorna y me responde directo a la mente Yeah! I feel like shit, so leave me alone! (¡Sí! me siento como mierda, así que déjame en paz).  Termino de asearme sin prestarme más atención.  Me peino un poco…  Termino de vestirme y saliendo, mi hermana de nuevo.  La llevo al colegio.

Camino al trabajo, Tiempo de Cuaimas de nuevo…  El tema:  “El Rechazo”.  Y pienso: Lo que me faltaba.  Miro al cielo y digo Gracias…  con un dejo de cansancio.  Un súbito impulso lleva lágrimas a mis ojos.  A buena vaina…  Ahora si me acomodé yo.  Siento que todo sigue revuelto dentro de mí, pero puedo sentir que tal vez no se trate sólo de mi.  Es ella.  Me pregunto ¿Estará leyendo lo que escribo? Supongo que sí…  La estás cagando, Guácharo.  Me increpo.

Tranca en la autopista, subo por la rampa de Altamira hacia la tranca segura de Plaza Francia, pero me desvío, tomo un atajo…  ¡Sirvió!  Casi no lo creo.  Continúo mi camino, no le presto demasiada atención a nada que no sea la vía o los carros más cercanos a mi.  Sigue Tiempo de Cuaimas, pero lo oigo…  No lo escucho, no me importa escucharlo hoy.  Sólo logra escabullirse una frase a mi cerebro en la tertulia de Vanessa y Noliyú.  Si te rechaza, él se lo pierde. Claro, ellas hablan en términos femeninos siempre…  Y pienso de nuevo ¿Y cuando alguien no se va a querer perder estas maravillas de personas que somos? Ironía.  ¿Qué estás haciendo, Alejandro? La ironía no es tu estilo.  No te dejes.  Sonrío.  Ahora resulta que me regaño más que de costumbre.

Estaciono, camino.  Llego a la oficina. Misma rutina, saco laptop, conecto todo, enciendo.  Otra erupción de lágrimas repentina.  Bien bello, pues.  Ahora voy a ser la Magdalena de la oficina.  Voy al baño, me enjuago la cara, respiro hondo.  Salgo y me avoco a las tareas de hoy.  Va pasando el tiempo y de tanto en tanto, las erupciones llegan.  Unas cuantas lágrimas se cuelan de tanto en tanto.  Franelazo y las seco.  SHIT! Tengo la nariz tapada y ahora moqueando.  Ahora voy a ser el mocoso de la oficina.  Con la cara de pocos amigos que cargo no creo que alguien vaya a decirme nada.  Llega Carolina.  Me da la mano, me abraza y pregunta ¿Cómo estás? Respondo casi inconscientemente Ahí. Pienso que debo desayunar.  Carola, ¿ya comiste?  Me ve con comprensión.  Me excuso diciendo que quedó el otro yogurt en la nevera.  Pero quiero un café, bajamos y terminamos yendo al negocio de las empanadas.  Carolina me reconforta y con su bebé en el vientre, se debe alimentar bien.  Yo invito.  Y además me compro una empanada.  Subimos, comemos, hablamos, nos vamos a trabajar.  Pasadas las 10 de la mañana comienzan a titilar un montón de ventanitas en mi escritorio.  Chats.  una cantidad insólita de gente me pregunta cómo me siento.  Trato de explicarle a cada un@ que en la mayoría de las partes de mi vida, estoy en excelentes condiciones, pero que mi corazón se encuentra en un torbellino de emociones que no sabe manejar.  Eso es lo que me tiene mal.

Tod@s van cediendo a mis explicaciones y algun@s me dicen que nos veamos.  Espero poder reunirme con much@s de ell@s, aunque sea para abrazarl@s y agradecerles.  Cada un@ me hizo sentir que he hecho bien en la vida, puesto que me vieron en un momento duro y prestos vinieron a socorrerme con palabras de ánimo.  Gente desde la guardería, pasando por el colegio y la universidad hasta terminar con una compañera de mi trabajo anterior y una lectora de mi blog que llegó a él por comentarios en Tiempo de Cuaimas.  Tod@s me hablaron y me dieron ánimo.  Vaya si tengo suerte.  Cuento con una cantidad de gente espectacular a mi alrededor que se preocupa genuinamente por mí.  Y resulta que no lo sabía.  Una sonrisa genuina asoma en mi rostro.

Mi cara de agotamiento, sin embargo, habla de como me siento aun en el ámbito sentimental.  Sigo trabajando.  Carolina me espera para almorzar.  Creo que en parte sabe que como me preocupo por el bebé y quiero que coma bien, aunque no tuviera muchos deseos, iré con ella a comer “bien” en el Centro Comercial.  Ella invita.  Hablamos, discutimos (en buenos términos), ella expone puntos, yo también argumento.  Vamos por el café de costumbre.  Yo invito. Y le invito la torta…  El antojo de hoy.  Me habla del bebé.  Sabe que eso me hace feliz.  No me gusta verte así… Me dice eventualmente.  A la oficina de nuevo.  Trabajo.

Aparecen un par de ventanitas de chat más.  Una bella amiga de la universidad me habla, me pide que le explique con un poco más de detalle.  Utiliza una lógica irrefutable y además me dice: Yo estuve en sus zapatos, yo sé lo que es eso.  Dale su espacio.  La última frase me llega al rostro como una cachetada.  ¡Es su espacio! ¡Libertad! vienen los pensamientos a mi cabeza.  Me termina de zarandear como un perol a punta de palabras muy bien organizadas y argumentos que me hacen pensar en mi mismo analizando los problemas de alguien más para ayudarlo.  Vaya, ¡pero es que estoy embrutecido!

Terminamos de hablar y me doy cuenta.  ¡Miedo! ¡Un miedo terrible a perderla! Pero que estupidez, ¡estoy escuchando al miedo!  Otra compañera de trabajo me dice que la puse a llorar como una quinceañera en drogas.  Me carcajeo, no puedo evitarlo.  Sólo a ella se le ocurriría tal cosa.  me manda a escuchar unas canciones que son como puñales.  Pero ya no lo son.  Porque me develaron el problema.  Le prestaba más atención a mi miedo que a mi amor por ella. ya no más.  Comienzo a reír.  Me siento feliz por el vuelco del día.  Pienso en ella y sólo recuerdo los buenos momentos.  Y espero y confío que nuestra conexión le permita sentir lo que yo estoy sintiendo. Si es para ti, si ella es como tú piensas, la indicada…  Vendrá en el momento exacto.  Esas palabras se quedaron dando vuelta en mi cabeza.  Confío en mi amor, confío en su sinceridad y confío en lo que vivo y siento.  No hay más lágrimas.  Hasta mi mamá me llamó y repitió lo mismo...  Dale tiempo… ya vendrá.

Llega la que llora como una quinceañera en drogas.  Me abraza.  Estoy escuchando If it kills me de Jason Mraz.  ¡Guacharito! ¿Estás al borde de la muerte? ¿Qué es esa canción?  Y me río y le digo: No trata de suicidio ni nada por el estilo.  Y es una muy buena canción.  Comenzamos a escuchar canciones de esas como puñales y me dice que la voy a hacer llorar en serio.  Vamos por un café.  Hablamos.  Y me dice que confíe en Dios.  Que Él sabe lo que hace. Y que rece.  Y la quiero por eso.  Hoy Dios me mandó el escuadrón completo de rescate de corazones heridos por el miedo.

Llega a mi cabeza un artículo de hace unas 3 semanas.  El amor es y con eso basta.  Me río de mi mismo y de cómo puedo ignorar mis propias palabras.  Me siento enormemente mejor.  Una frase de ella aparece en mi pantalla.  Sólo confirma lo que pienso.  Está allí, debo confiar, debo dejarla pensar.  Debo mantenerme firme.  Tomo al miedo por la pechera y le digo directo a los ojos: ¿Sabes qué? ¡Jódete! ¡No te quiero volver a ver cerca de mí…  O de ella!  Siento la libertad una vez más.  Me siento dichoso sólo por saber que existe, sólo por saber que existo para ella.  Me siento bien de entregarle el amor que le entrego cada día.  Cada noche en estas letras… hasta que volvamos a la normalidad.  Sé que está preocupada, puedo sentirlo.  Y hoy, aunque me sentía muchísimo mejor y más tranquilo, tenía que dejar salir también esta tranquilidad y derramarla en palabras sobre estas líneas para que, si pasa por aquí, sepa que este amor es real.  Tan real que no dudará nunca más ni de mí, ni de ella, ni de el amor en sí…  Porque el amor es…  No necesita pruebas, está, se siente, y el amor no duele…  Me dolía el miedo y ya lo saqué de nuestro camino.

Hoy, que fue día de acción de gracias, agradecí a Dios por mandarme a tanta gente a decirme cuánto valgo y recalcarme lo mismo.  Si es… Ella vendrá, ella se dará cuenta. No te preocupes.  Hoy le agradecí al Señor por mi familia, mi madre que en un par de frases me adivinó la tristeza y estuvo hablando conmigo.  Mis amig@s, sencillamente espectaculares.  No puedo quejarme, sólo puedo agradecer la suerte tan maravillosa que he tenido.

My heart Y si lees esto, tú a quién aquí sólo llamo ella, a ti te agradezco hacerme sentir tan dichoso, tan capaz de dar amor, tan capaz de hacerte feliz, tan capaz de provocar sonrisas, tan capaz de devorarme al mundo.  Te agradezco la huella que ya estás dejando en mi corazón.

Como Buzz Lightyear!

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Hoy… Se reventó la represa :(

BRTY56 Quiero escribir, quiero dejar este peso en palabras… quiero aniquilar las dudas, quiero hacer un agujero negro en mi alma que absorba esta desazón, que se lleve para siempre este mal sabor de boca, esta amargura al final de la garganta que la tranca y, ni siquiera me deja respirar bien.

Después de dormirme hoy mismo, más allá de las 2 de la madrugada, me desperté con un sobresalto…  6:29pm, suena el teléfono celular.  Quiero pensar que todo fue un mal sueño, que hoy es martes y esta llamada es, como de costumbre, ella.  Una voz que no me suena conocida al otro lado de la comunicación saluda, fuerzo mi mente, ¡TIENE QUE SER ELLA!  La voz pregunta: – ¿Quién es? – Sólo atino a responder mi primer nombre…  No es ella, qué puede importar quién llame a esta hora si no es ella y si además no sabe con quién está hablando.

Total que traté de darme ánimos.  Sentía un vacío entre pecho y espalda…  Y no precisamente por hambre.  Pero bueno, nada…  Hay que trabajar, el tiempo pasa, pierdes tiempo de felicidad, pensé.  El aire frío de la mañana me atravesó…  Como si no tuviera sino un agujero en el pecho.  Me heló hasta los huesos…  Por primera vez en mucho tiempo, no sólo me sentía muerto de frío por fuera…  Mi interior se estaba congelando.  ¿La razón?  La falta de su voz en la mañana…  Sacudo mi cabeza con fuerza y pienso siempre le dices a la gente que sea fuerte.  Me visto con una prontitud inusitada.  Corro a la computadora, abro el Messenger, GoogleTalk…  No está…  No está en tu vida, no te portes como un niño, me increpo.

Me consigo a mi hermana camino a la puerta. ¿Puedes llevarme al colegio? Sí. La respuesta casi sin dejarla terminar la pregunta.  Ella ignorante de todo, no me lee en los ojos el quiebre que sufre mi alma y me pregunto si es que acaso yo, particularmente yo nací para estar solo.  No sólo en el mundo.  Con mis amigos, pero solo.  Con su apoyo, con sus alegrías, con u compañía, con su familiaridad y su amor… de amig@s.  Casi sin darme cuenta, llego al colegio, mi hermana se baja, arranco.  Quiero escuchar el motor, quiero hacerlo rugir.  Quiero que ensordezca mi mente, que nuble mis pensamientos y que apagué el llanto de mi corazón.  No funciona.

Me consigo con una amiga, le doy la cola al trabajo.  Una conversación ligera, pero llena de cariño me reconforta.  Me doy cuenta que su falta, la de ella, me genera un nivel de soledad inmenso.  No hay cómo cubrirlo.  Podría estar en el medio de un tumulto y no escuchar un solo sonido de lo que sucede a mi alrededor.  Me enfoco en manejar.  Pero no logro callar a mi corazón.

Me dirijo a mi oficina, sin desayuno.  Por segunda vez, no tengo hambre.  No quiero comer.  No quiero ir.  Quiero bajarme del carro y correr, cansarme.  Agotarme, para ver si así no tengo ni fuerzas para sentirme así.  Pero no puedo.  Sintonizo en la radio Tiempo de Cuaimas.  Las animadoras suelen alegrarme y entretenerme.  Tema: Los hombres Zamuros, sombríos, fracasados, envidiosos…  Y una sarta de cosas más.  Pienso que alguien se siente permanentemente peor que yo. Vaya consuelo.  Es una idiotez de mi parte pensar así.  Me regaño a mi mismo de nuevo.

Manejo, me estaciono, camino.  Paso por el puesto de las empanadas y hoy, en lugar de seducirme su aroma, me causa repulsión.  Náuseas.  Acelero el paso.  La tristeza viene por mí y casi voy al trote a ver si la dejo atrás.  Nada.  Al llegar a la oficina, coloco la laptop en mi escritorio, conecto el monitor secundario y los cables del ratón, energía y audífonos.  La enciendo.  Me tienta ver si está…  Me levanto.  Voy por agua.  Mi garganta se reseca.  Mi estómago se comprime en protesta por la falta de comida.  Mi alma se dobla y el miedo aparece…  Lo enfrento, lo miro a los ojos y camino directo a mi escritorio.

Llega una gran compañera, mimosa, embarazada…  Me lee los ojos.  Me abraza con fuerza y me dice: Hola, cariño. Dándole un matiz normal al asunto.  Mis ojos actúan como una represa.  Quiero estallar en llanto.  ¡No puedo! Sí, sí puedo.  Pero no debo.  Tengo que concentrarme.  Una lágrima rebosa la muralla de mi voluntad.  La enjugo con un dedo antes de voltear.  Esbozo una sonrisa tan dulce como me permite el corazón y la veo con agradecimiento.  Bajo forzado por mi cerebro a comprar un Yogurt.  Compro dos.  Debo comer.  Es estúpido no hacerlo.  Me como uno a duras penas.  Guardo el otro en la nevera.

monstruo_milton Transcurren las horas, resuelvo cosas simples.  Me reúno para discutir un diseño.  Trato de hacer chistes malos.  Los demás se ríen más que yo.  Confirmo que me dicen Milton, un gran monstruo con un corazón enorme.  Me siento mejor.  Un parpadeo naranja me llama la atención en mi monitor a escasos metros.  No pienso.  Pienso en lo bonito que es ser considerado alguien de una gran corazón.  Remo en mi silla como si de un bote se tratara, jugueteando para animarme un poco.  Es ella.  Una frase.  Me siento la mala. Se me parte el alma una vez más.  Son circunstancias del corazón. Aparece una segunda frase. Aunque no lo creas, me siento mal.  Respondo, con comprensión.  Le creo, le aposté todo.  Cómo no creerle.  Puedo sentirlo, su malestar.  El nudo en el estómago, la garganta seca una vez más.  La saliva no aparece y siento como me marchito por dentro.

No responde más…  Se fue.  Sigo la reunión…  Ni me acordaba.  My bad.  Termina la reunión.  Hora de comer.  Llamo a Manolacho.  Nos espera. Bajamos un grupo.  Las chicas me leen los movimientos.  Me ven apagado.  Me abrazan.  ¡Gracias!  Una vez más, las lágrimas amenazan con aparecer.  Aprieto los puños.  Sonrío, acelero el paso.  Me anima saber que se preocupan por mí.

Caminamos, hablamos.  Trato de bromear, distraer mi mente.  Silenciar durante un rato a mi corazón. Compramos, buscamos una mesa, nos sentamos a comer.  Hablamos de varias cosas.  Terminamos de comer.  Café.  Por favor.  Pedimos, nos sentamos. Hablamos.  MaGa me acaricia suavemente la espalda, luego va por las cosquillas.  Las últimas no aparecen.

Volvemos a la oficina.  Llegando, me llama Louise.  Mi mejor amiga.  Me devuelvo a Mc Café.  Hablamos de trabajo.  Pero ella me ve y lo sabe.  Algo grave me pasa.  Transcurre la tarde entre bases de datos, soporte y problemas de internet.  En algún punto ella me habló de nuevo.  Una frase.  No recuerdo.  Hablo, hablo, hablo.  Dejo salir un montón de amor…  Nunca responde.  Siento como cuando vas a servir jugo de una jarra demasiado llena y a última hora, quitan el vaso.  ¿Leyó?  No lo sé.  Hora de irme.  No quiero.  Aquí estoy acompañado.  Amig@s, compañer@s de trabajo que se van ganando también ese nombre.  Ese puesto tan especial.  Después de volcar un camión de amor contenido sobre el Messenger, le digo a ella

7:40 de la noche.  Me voy.  Manolacho también me lee.  Me conoce.  ¿Te vienes? La pregunta es retórica, él lo sabe.  Pero también sabe que quizás necesito espacio. Si no estorbo.  Mi respuesta es concisa. ¡Los amigos nunca estorban!  Me despido.  Louise me dice: Yo también me voy.  Lo sé, no está apurada, pero quiere hablarme.  Me abraza saliendo. Comienza a decirme cuánto me quiere.  Sus palabras llegan muy hondo…  Como siempre.  Llegamos al Centro Comercial.  Hacemos la cola para sacar algo de efectivo del cajero automático.  Me abraza, tiernamente.  Demasiado.  Mis ojos no dan más.  Las lágrimas brotan casi a borbotones, no puedo controlarlo.  Lloro, sólo me apoyo en su hombro y lloro como un niño.  Suenan las palabras de siempre, con el plus de que vienen de una madre.  No te pongas así.  No me gusta verte triste.  Tú eres muy bueno.  Me dejo llevar por los sentimientos, la gente me observa con extrañeza.  No me importa.  Sólo quiero llorar.  Louise está allí, ella me entiende.  Me conoce mucho más allá de mis chistes de sexo y de mis actuales dudas respecto al amor.  Renuncio a ser un triste Príncipe Azul, ¡ya no más! Sólo sirve para que te jodan.  Rabia.  Estoy cansado Louise.  ¡Cansado!  No quiero seguir siendo demasiado bueno.  Ella me cachetea con sus palabras.  Pero eres así.  Yo sigo renegando del amor que aún se desborda por mis poros.  Que cae en el vacío de la soledad que estoy sintiendo.  Ella sólo me abraza y me dice que ya llegará la persona.  Siento que ella es la persona, Louise.  Pero no se da cuenta.  Tiene miedo.  La entiendo.  Quisiera odiarla, borrarla, sacármela de la cabeza, de la vida.  Pero ni siquiera puedo culparla. Y la quiero.  La quise con fervor, las quise con el alma entera.  De sus labios, sólo escucho Si es, entonces ya vendrá.  Se dará cuenta.  Sus palabras me atraviesan de par en par.

Nos detenemos a tomar agua y ella y su hermana a comer algo.  No tengo hambre.  Dejo deslizar más lágrimas por mi rostro, estoy entre familia.  Tomo sorbos de agua que calman la sequedad de mi garganta…  Sólo durante un rato.  Me siento mejor.  Pero necesito escribir.  Llega MaPa, la hermana de Manolacho y pienso que me tocará irme solo…  Una vez más.  ¡No!  Manu me dice que se viene conmigo.  Se dibuja una sonrisa en mi rostro.  Un verdadero amigo.

Vamos a carro.  Jugueteo arrancando para quemar caucho en el estacionamiento.  Louise me sonríe junto con Gorka. Dos de mis mejores amigos.  ¡Que suerte tengo!  Sentimientos encontrados.

Salgo, dejo a Manuel y llego a casa.  Voy a escribirle.  Un último correo, quizás sea una despedida.  Quizás sea lo que la haga despertar.  Quizás le dé el valor de enfrentarse al miedo y decirme: Ven.  Una sola palabra.  Tres letras y mi mundo sería de colores de nuevo y dejaría de estar tan gris.  No lo sé.

Pero sé que no dejaré una sola palabra sin ser dicha.  Si pierdo esta batalla, no será por no haber hecho todo lo que pueda.

Sí…  Triste.  ¡PERO NUNCA JAMÁS DERROTADO!

Ahora me despido.  Voy a escribirle a ella.  Terminaré de mandarle lo que queda de mi ilusión.  Ella, confío en Dios, sabrá qué hacer.

Y mañana…  quizás les cuente.  (Si llegaste aquí y no entiendes nada…  Ve al post de ayer)

Que mal día… Emocionalmente hablando…

A22B5X Vaya vaya…  Necesito una vez más sacarme este torbellino de pensamientos de adentro, necesito masticar este revoltillo de sentimientos y darles un matiz más inteligente.  Hoy el instinto trata de apoderarse de mí.  Quiero gritar, llorar, golpear un saco, arrojar cosas contra el piso, quiero correr hasta caer exhausto y dormir antes de que una lágrima asome en mis ojos…  Pero no lo haré.  Hoy 23 de Noviembre de 2010, ya termina el día, queda escasamente una hora para que se acabe y me siento a escribir porque siento que de no hacerlo, el pecho me va a estallar.

Pero comencemos por el principio.

Hoy me levanté con desasosiego y un extraño dolor en las costillas de mi flanco derecho.  Hice una llamada, dos…  Nada…  Será que está ocupada…

- No te preocupes – me dije, sin mucho éxito al tratar de convencerme a mí mismo de que lo que sentía no tenía relación alguna con ella.  Algo muy dentro de mí sabía, sin motivo ni explicación, que ella no estaba bien.

¡Llamó!  ¡Aleluya!  El corazón se desboca frenético al escuchar su voz, pero su galope se detiene en seco cuando su tono revela que esta vez la conversación no terminará en una larga despedida como es costumbre.  Su voz está apagada, angustiada.  Sé ahora que lo que siento no es efímero, es real…  Comienza el día y ya pinta a desastre sentimental…

Almuerzo…  No se ha conectado en toda la mañana…  Nada común…  El nudo en el estómago a estas horas, normalmente causado por el hambre, esta vez tiene otro origen.  Ella.

Ya lo sé…  Viene como un tren hacia mí, pero decido hacerle frente estoicamente.  Después de un par de llamadas no contestadas, un mensaje de voz y un par de mensajes de texto, renuncio a la idea de recibir una respuesta y confiando en el corazón, no hago sino tratar de buscar una explicación loable que me de un poco de tranquilidad.  Pero es inútil.

Paso el almuerzo en grata compañía, satisfago mi necesidad física de comer, pero el hambre que siento en el pecho no se me quita…  De pronto…  ¡No uno, sino 2 mensajes de texto! – Discúlpame – ya comenzamos mal – Estoy confundida – con algunas palabras en el medio.

Agradecí la sinceridad, pero las entrañas se contorsionaron, el estómago se agitó.  Controlo las sensaciones a punta de fuerza de voluntad…  Busco palabras y respondo los mensajes…  En resumen, digo: – No te alejes.

Vamos por un café antes de volver a la oficina y bromeamos…  Trato de distraer mi mente en las conversas, pero no está funcionando…  Tengo que llegar a ella…

Más tarde un vaivén de correos electrónicos. Comienzo yo, tratando de dialogar…  Termino tratando de conseguir unas horas, una conversación frente a frente, mirándonos a los ojos.

Ofrecí verdad, sinceridad, respeto, paciencia, comprensión, felicidad, alegría y siempre terminar el día con una sonrisa…  Cumplí.  Aún estoy cumpliendo, y pienso seguir haciéndolo hasta que este tren parta de su estación.

Mantengo las sonrisas a fuerza de panas, compañeros de oficina que son una bendición y una persona que después de recibir mi apoyo, se agarró hoy como los machos y se puso de muleta.  Se dio cuenta de que con todo y la actitud, algo estaba diferente y sin más, me escuchó durante un par de horas haciendo chistes entre catarsis y catarsis, llamando carcajadas que liberaran la tensión.  ¡Gracias Manolacho!

Consigo a una buena amiga.  Le cuento, comienzo a sacar lo que llevo dentro…  Mi tono jocoso disfraza el dolor, pero no ante sus ojos que me conocen bien.  Se da cuenta y me abraza, me abraza mucho y lo agradezco desde lo más profundo de mi ser.

Va al cine, con otros amigos.  Es hora de despedirse.  Su encuentro no pudo ser más preciso.  Nos damos un fuerte abrazo y prometemos vernos lo antes posible. Quiere que hablemos, quiere escucharme.  Gracias.

Sigo en el carro, hablando con Manolacho en el carro en el camino a su casa, que está desviándome un poco camino a la mía.  Me desea suerte de corazón.  Nos despedimos y me voy, sumido en mis pensamientos, confundido.  ¿Confundido? - Vamos, no seas idiota.  Tú sabes bien cómo son estas historias. – Me digo con un ápice de sarcasmo hacia mi mismo, buscando remplazar la impotencia por rabia.  Pero vamos, no estamos en guerra, no hay un enemigo sobre el cual enfocar mi ira, así que desecho la idea.

Tiempo, pienso.  Aludo, como buen computista a la lógica elemental.  Sólo hay dos opciones, más y mejores momentos como los que vivimos o una historia, probablemente repetida, en un lugar donde las segundas partes, rara vez son buenas.  ¡La opción lógica soy yo!  Pero ya sabemos cuán ilógicas pueden llegar a ser las mujeres, ¿cierto?  Sólo resta dejar pasar el tiempo, seguir con mis planes egoístas y esperar mientras sigo haciéndome feliz. Tiempo. ¿Cuánto? No tengo idea…

Vaya, ya estoy llegando a casa.  Pasadas las 8:30pm.  No quería llegar.  Voy a revisar correo como de costumbre y ese dolor en el costillar derecho que desde esta mañana estaba pulsando no ha cedido un ápice.  Malas noticias.  Puedo sentirlo.

Respuesta a mi último correo. Miedo.  Leo tanto miedo en sus palabras que casi me contagia.  Respondo una última vez, prometiéndome a mi mismo respetar su decisión y termino despidiéndome, dándole el espacio que ella cree necesitar.  Se me parte una vez más el corazón y no comprendo en absoluto qué es lo que está pasando.

Cambio el mensaje en el Messenger y en GoogleTalk.  Se abren ventanas de conversación.  Varias, al mismo tiempo.  La gente pregunta, respondo escuetamente sin dar muchos detalles.  No estoy de ánimo.  Juego en modo solitario, ya que no hay modo de conectarme a un juego cooperativo. Y leo, pauso el juego, respondo. Sigo jugando, y me ensaño contra los terroristas. Sigo respondiendo.  Todo mundo opina.  Todos dicen ella es la que pierde y les creo, pero no alivia demasiado ni mi dolor ni mi cansancio.  Y me pregunto: ¿Y cuándo será que aparezca una que no se quiera perder esto que mis amig@s ven en mi? Ahí va el sarcasmo de nuevo.  Lo desecho.

Otra gran amiga aparece en GoogleTalk y me azota con mis propias palabras.  La entiendo, me entiendo, pero sigo sin mucho ánimo.  Ya había comenzado a escribir, alrededor de las 11 de la noche.  El buen humor, no lo pierdo y hago un par de chistes malos en medio de la conversa, nos reímos.  Se va a dormir.

Sigo escribiendo.  Las palabras aparecen solas en la pantalla, ni mi mente ni mis ojos, ya agotados a esta hora quieren seguir lo que escribo con detenimiento, sólo quiero dejar salir lo que que consiga dentro de mi.

Casi la 1 de la mañana.  Hora de dormir, los dejo con este día…  Terrible desde un punto de vista, pero lleno de aprendizajes desde otro.

No me arrepiento de haberme dejado llevar por el sentimiento que ella me inspira, me hizo sentir como llegando al mismo final del arcoíris en apenas unos días…  Pasarán los días, agitados en principio…  Tengo que desintoxicarme de ella, de su imagen, de la falta que me hace escuchar su voz temprano en la mañana y justo antes de dormir…

Pasará, como todo pasa… O volverá antes de que yo parta hacia un nuevo rumbo que estime feliz.  Sólo Dios lo sabe…  A Él le pido que le dé la mayor felicidad posible, conmigo o sin mi.  Y me despido agotado, mis estimad@s compañer@s de letras, agradeciéndoles que hayan leído este día.  No tengo fuerzas para reflexionar ahora mismo, pero estén atentos porque las siguientes semanas prometen ser productivas en cuanto a escritura se refiere.

Y les digo: Podemos creer que nadie nos entiende, pero resulta que más de un@ ha vivido lo mismo que nosotros, diferentes actores, variaciones en el guión, pero la misma historia al fin y al cabo.

Por cierto, la molestia en el costillar ya no es dolor, es sólo molestia…

Palabras de Sabiduría:

Las lágrimas son palabras
que deben ser escritas

Paulo Coelho

martes, 2 de noviembre de 2010

El Amor es… Y con eso basta

Bienvenid@s de nuevo, mis querid@s lectoræs.  Hoy plantearé un tema que a much@s les parecerá trillado, otr@s dirán que estoy loco por plantearlo así y un@s cuant@s, espero, estarán de acuerdo conmigo.

Trueque Amar es algo que parece tan complejo en ocasiones.  Y la complejidad la ponemos nosotr@s mism@s.  Por lo general, acostumbramos a percibir el amor como un acto de reciprocidad.  Buscamos entregar amor a quien puede darnos amor a cambio, o alguna otra cosa… Pero eso es harina de otro costal.  En general acostumbramos a dar amor, esperando una respuesta, buscamos una relación simbiótica donde ambas partes sean beneficiadas.

Ahhhh...  El amor... Ésto hace que no nos demos cuenta de lo que es el verdadero amor.  El amor que te hace feliz sólo por ser.  Sólo por sentirlo.  Ese amor que llena tan sólo porque está en tu corazón y se desborda como un manantial de agua refrescante.  Agua que emana de tí y fluye hacia los demás, en una corriente de buena vibra que ell@s sienten, perciben y hasta valoran sin darse cuenta.

Me amo El amor no es un toma y dame, no es un trueque.  El amor no es un negocio.  El amor es nuestra capacidad de dar.  Sin recibir nada a cambio.  Y antes de que se rían de mi, no me digan que entonces se van a aprovechar de ustedes.  Porque lo primero que deben hacer, y es lo que he dicho casi desde mi segunda publicación, es amarse a ustedes mism@s , darse sin medida, complacerse en la medida de lo posible porque en la medida en que sepan cómo amarse, comprenderán cómo amar a l@s demás.

Toma mi amor Más aún, amándose a ustedes mism@s, se permitirán ser amad@s intensamente sin sentir que “no se merecen” tanto cariño, como más de una vez he escuchado.  No es pecar de egoístas, es saber que merecemos el amor que recibimos y que cuánto más demos sin esperar un retorno, más recibiremos.

Love is... that's it El amor es una verdad absoluta, no admite cuestionamientos ni dudas, el amor sólo por existir no necesita pruebas, no necesita demostraciones, no necesita evidencia de que es.  Tú y sólo tú sabes si amas.  Sólo puedes interpretar la acciones y señales de otra persona hacia tí como amor, pero nunca lo sabrás a ciencia cierta.  Puedes sentirlo, pero no saberlo.  Y lo sientes por tu percepción, lo cual no alterará de manera alguna el sentimiento del otro.  Lo que hace que tú sientas o sepas que te aman es que haya congruencia en la forma de manifestar y percibir el amor como tal.

Doy amor El amor entonces no se trata de sacrificios, pruebas, cuánto me amas, cuánto te amo…  El amor se trata de dar, dar cuando, como y cuanto quieras… Da todo lo que te provoque, sólo por la felicidad de hacerlo y verás como no hará falta más nada.

Uno para el otro Claro, mis estimad@s amig@s, tod@s queremos que haya alguna correspondencia en cuanto a lo que amor de pareja se refiere.  No podría estar más de acuerdo.  Por eso siempre he insistido en la búsqueda de la felicidad personal y la búsqueda de alguien feliz.  Una pareja no es para hacernos felices, es para compartir nuestra felicidad con esa persona.  Así es el amor, porque el amor es…  Y con eso basta!

Palabras de sabiduría:

Recuerda que la mejor relación es aquella
en la que el amor por cada uno
excede la necesidad por el otro

Dalai Lama

lunes, 13 de septiembre de 2010

La soledad, defectuosamente virtuosa

Bienvenid@s una vez más a éste, su espacio de lectura, mis muy querid@s lectoræs.  Desde hace un par de semanas una idea a cruzado mi cabeza, un concepto, una circunstancia, una situación, una elección…  ¿Quizás una decisión?

culs077694 El punto es que mucha gente se enrolla por sentirse sola.  Al parecer, para algunas personas, hacer ciertas actividades sin una pareja resulta, no sólo descabellado sino hasta totalmente absurdo.  Hay quienes desean conseguir una media naranja (pareja ideal para quienes no conozcan el término) con tanto afán, que en su desesperación lo que logran es alejar a cuanto ser se les acerca con algún tipo de interés personal y de pareja.  Hay quienes por pavor a sentirse atrapad@s, escapan rápidamente de cualquier relación que comience a tornarse demasiado seria y terminan por declararse solter@s empedernid@s.  Y hay quienes se enamoran tanto del amor mismo, que viven acompañadamente sol@s viendo como sus planes se mantienen en planes y no terminan de cuajar.

ky270017 Otros hablan de la soledad como una gran amiga y la buscan para tener conversaciones con ella.  Dicen que elimina el ruido, permite enfocarse y pensar con calma.  Sin compañía, sin interlocutores, sin ruido, sin más que nuestros propios pensamientos podemos conseguir grandes cosas, un de las más importantes…  Conocernos a nosotr@s mism@s.  Parece mentira, pero hay una enorme cantidad de gente que se desconoce tanto como al transeúnte que la pasa caminando al lado.

iluvs006183 Y no digo que estar sol@ sea la solución de todos los problemas del universo, pero definitivamente, tomarnos un descanso de la multitud y hacer un poco de introspección no nos viene mal de tanto en tanto.  Aprovechar de mirarnos a nosotros mismos, sin espejos, sin reflejos, sin opiniones ajenas parece ser una revisión bastante útil.  Preguntarnos qué queremos, sin importar terceros.  Preguntarnos hasta dónde hemos llegado en el camino que queríamos transitar.  Preguntarnos las cosas más simples con las respuestas más complejas: ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Dónde estamos? ¿A dónde vamos?

Si cada cierto tiempo nos respondemos estas preguntas, es seguro que nos asombraremos por las respuestas que conseguiremos en nuestro interior.

tt1601204 Por mi parte, en este momento estoy solo…  Pero no lo estoy.  No tengo pareja, pero tengo un@s amig@s que llenan casi cualquier vacío.  Desde luego que algunas veces me hace falta a quien amapuchar (léase abrazar y recostarse sobre alguien mientras hacemos o nos hacen cariños), alguien con quien compartir momentos particulares, grandes noticias o los juegos que me gustan.  Quizás una que otra canción y, desde luego, los momentos en los que necesito de ese apoyo de una compañera que me mire con ojos inundados de amor, comprensión y fortaleza.

Sin embargo, no estoy triste, no estoy apurado y sé que en el momento adecuado, cuando nos miremos el uno al otro, ese chispazo surgirá y sabremos que estamos donde debemos estar que no será otro sitio que donde queremos estar.

is098u2lj Quizás resulte hasta irónico que estas palabras, las de este rincón de la red de redes, surgen justamente cuando estoy solo.  Es precisamente en los momentos en los que alejo todo ruido de mi alrededor cuando puedo sentarme a escribir con tranquilidad al ritmo que tocan mi corazón y mis pensamientos.

Palabras de Sabiduría:

Es increíble lo solo que puedes estar
aun cuando te encuentres en el medio de una multitud

Jesús Alejandro “Silvarion” Sánchez

jueves, 29 de julio de 2010

Hacer o No hacer

Cada vez que sucede un hecho con el que no estoy de absoluto en acuerdo suelo encontrarme en la disyuntiva de actuar o no hacerlo.  En algunas ocasiones, la respuesta es bastante sencilla de conseguir.  En ocasiones, sólo debes apelar al sentido común.  Pero algunas veces, la respuesta no es tan simple.  En casos que pudiéramos denominar extremos o críticos… ¿Qué hacer?

¿Te tomarías el tiempo para ayudar a alguien que no conoces? Más aun, ¿te arriesgarías a meterte en el ojo del huracán sólo porque piensas que es lo correcto?  Muchas veces nos quejamos, criticamos la inseguridad, la falta de acción y llamamos cobardes a todos los demás que se encuentran alrededor de una situación extrema y no actúan.  La siguiente pregunta es entonces la obvia.  ¿Y nosotros actuamos? ¿Nosotros protestamos cuando es debido? ¿Le tendemos una mano a quien la necesita? ¿Somos capaces de detener a un ladrón o, por lo menos, interrumpirle el paso para que lo agarren otras personas?

Argumentan muchos que podrían resultar muertos de interferir en una situación de esas.  Que podrían ser víctimas en una pelea violenta sólo por meterse a ayudar a alguien.  Sin embargo no se detienen a pensar que pueden ser víctimas de la misma persona en otro momento y, si todo el mundo a su alrededor piensan de la misma manera, no habrá nadie que les tienda una mano y les brinde esa ayuda por la cual tanto claman.

Por otro lado, si la mayoría pensaran en ayudar, en actuar, en seguir sus impulsos y dejar sus miedos atrás, probablemente aquellos dispuestos a proferir algún tipo de daño a cualquiera en la calle lo pensarían dos veces dad la cantidad de gente a la que se tendrían que enfrentar.

No hablo de tomar la ley en las propias manos.  Pero hablo de que en algunos momentos de la vida, hay que dejarse llevar por los instintos y proteger a quien requiere protección.  Justicia, clamas por ella seguramente, habrás dicho en más de una ocasión: ¡No es justo! Y yo te pregunto: ¿Qué has hecho tú para que la justicia se restablezca en esos momentos?

Si hay que luchar por un bien común, ¿decides no ir, porque alguien más “debe” hacerlo?  ¿Y si todos piensan como tú?  ¿Entonces quién irá? ¿De dónde surgirán los líderes? ¿Puedes llamarte valiente sin afrontar una sola vez en tu vida que debes luchar por algo?  En momentos difíciles, los valientes dan un paso al frente, se arriesgan.  Algunos ganan, otros pierden.  Pero todos y cada uno de ellos pueden estar tranquilos porque lo intentaron, hicieron lo que creyeron justo cuando fue necesario.

Aprovecho de evocar una historia que me vino a la mente pensando en esto de hacer o no hacer:

Esta es la historia de cuatro (4) personas llamadas TODOS, CUALQUIERA, ALGUIEN y NADIE.
Había un trabajo muy importante que hacer y TODOS estaban seguros de que ALGUIEN lo haría, CUALQUIERA podía haberlo hecho, pero NADIE lo hizo.
ALGUIEN se enojó por eso, porque era trabajo de TODOS. TODOS pensaron que CUALQUIERA podía hacerlo y NADIE se dio cuenta de que TODOS no lo harían.
Esto termina en que TODOS le echaron la culpa a ALGUIEN cuando NADIE hizo lo que CUALQUIERA pudo haber hecho.

Palabras de Sabiduría:

Quien no castiga la maldad
ordena que se ejecute

Leonardo DaVinci