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lunes, 28 de julio de 2014

Sin Alma de Inmigrante

Yo no tengo alma de inmigrante.

Avila Panorámica

Hay gente que desde su adolescencia fantasea con irse de su país, se lo plantean seriamente y buscan nuevos rumbos de cualquier forma, haciendo un deporte, consiguiendo una beca, por intercambio, en fin, de alguna manera se aseguran de salir, de vivir lejos de casa al menos por un tiempo que puede variar entre 6 meses, 5 años o más. Yo no. Yo moría de miedo de sólo imaginarme lejos de casa, una vez estando muchacha, escuché por primera vez eso de los intercambios estudiantiles y ¡me daba terror! Eso de irme de mi casa y caer como paracaidista en la casa de una familia en algún lugar del mundo, para ser por un año la “hija” de esa gente, me parecía la situación más abrumadora del planeta, no podía ni imaginarme en esa situación sin que me diera como un frío por todo el cuerpo. Y es que sí, eso es algo a lo que siempre le he temido. Incluso un viaje de esos de quinceañeras, aunque me hubiese encantado, me daba como nervio. Conozco a varias personas, algunas de ellas grandes y viejas amigas, que desde muchachas se fueron de la comodidad y calidez de su hogar, para experimentar en otras latitudes. Las admiro! Y es que yo no tengo ese espíritu, no es que no me guste viajar, me encanta y me gustaría conocer muchos lugares del mundo, pero el hecho de moverme de mi casa a otro lugar, incluso dentro de mi país, de vacaciones, a un sitio conocido y como mi segunda casa, como Pto. La Cruz, me pone incómoda, me sobrecoge un poco todo ese proceso de hacer maletas y dejar mi cueva, luego lo disfruto, claro está, pero ese momento en el que uno se prepara para el viaje y se despide, me pone tensa, y por supuesto, luego de unos días o un par de semanas ya extraño mi cueva y mis rutinas. Me gustaría ser más aventurera en ese sentido, pero esa no es la realidad, la realidad es que soy bastante miedosa para eso y digo miedosa y no cobarde porque una vez leí que ser valiente no es no sentir miedo, sino avanzar a pesar del mismo, y eso sí que te tengo yo, yo aterrada, pero pa’lante, insegura, pero pa’lante, abrumada, pero pa’lante, por eso no me declaro cobarde en absoluto. Volviendo al punto, es que sí, hay gente que nace para gitana, son nómadas de nacimiento y otros, como yo, que no.

Y resulta que me tocó, eso a lo que tanto le venía temiendo desde hace largo tiempo, eso que desde hace aproximadamente doce años comenzó a presentarse como una opción, por como venía avanzando el cáncer de mi país. “¿Y si nos vamos?”, me decía mi novio para ese entonces y yo sólo de escuchar la pregunta y asomarme a una imaginaria respuesta positiva, sentía que se me caía el mundo, entonces, hablábamos de otra cosa, pasábamos el tema casi como con tabú. Estábamos en 2002, yo tenía 25 años y mi país ya estaba sumido en una crisis política y social bastante fuerte, pero estaba la esperanza “en cualquier momento este gobierno se cae”, “el tipo renuncia”, “al tipo lo tumban”, “el paro va a acabar con este gobierno”, “hay un rumor de que unos militares se levantan esta noche”… y así fueron pasando días, semanas… años.

Entonces llegamos casi sin darnos cuenta a 2010, agotados de tanto reclamar por una cosa y por la otra, de tanto sentirnos marginados en nuestro propio país por no vestirnos de rojo y “el tipo” continuaba gobernando y también continuaban los rumores esperanzadores, pero ya yo estaba bastante cansada de tanto odio y retraso y se me presenta otra vez la idea de salir del país, esta vez sola y con un destino fijado: Bogotá. A Bogotá me la presentó un amigo muy especial, me hablaba día y noche de las bondades de la ciudad, del clima, de las posibilidades, de la gente, de la educación, en fin, que poco a poco me iba enamorando de él y de Bogotá. A estas alturas del cuento, ya yo tenía mi vida patas pa’rriba, prácticamente acababa de terminar una relación de muchos años, estaba enamorada hasta los huesos de alguien que, aunque me correspondía, no estaba preparado para una relación estable con nadie y para colmo estaba preparándose para irse del país, lo cual me anunciaba otro duelo en un futuro bastante cercano, estaba harta ya de tanto no entender a mi país, de tanto pelear, de tanto luchar, de tanta marcha, tenía el alma revuelta por varios motivos y bueno, consideré a pesar del terror, la idea de irme de mi tierra. Hice, animada por mi amado de entonces, mi primer viaje fuera del país, sola, desorientada, con el dinero contado y con un despecho crudito porque ya no vería más (y hasta el sol de hoy sigo sin verlo) al, para ese entonces, dueño de mi corazón. A pesar de mi situación emocional durísima, me enamoré de Bogotá, fui allí no como turista, si no como alguien que iba para quedarse, fui a tantear el terreno, a conocer sus calles como las calles que luego caminaría a diario en esa vida que comenzaba a inventarme, guayabo en mano, para mi futuro. Me enamoré de la ciudad y de la gente. Llegué, con una maleta enorme a la casa de una paisa adorable que sin conocerme, me abrió las puertas de su casa, allí estuve los primeros 10 días, fueron días muy duros, muy fríos, muy solos, mi anfitriona trabajaba mucho y no tenía demasiado tiempo para lidiar con esta suerte de invasora que cargaba la empalizada en el suelo, mucho hizo, ciertamente, al abrirme las puertas de su casa de par en par, sin siquiera saber quién era yo, eso se lo agradeceré siempre. Luego llegué a casa de Daniel, 13 días estuve allí sintiéndome una más entre ellos, allá la cosa estuvo un poco más cálida, hasta viajé con ellos a un pozo petrolero para hacer una función de mimos. Fueron 23 mis días en Bogotá, yo lo sentí como tres meses más o menos, la intensidad de ese momento en mi vida, así lo hacían ver. Me quedaron hermosos recuerdos del lugar y de su gente, cariños que no voy a borrar así ya no los vuelva a ver: Bibiana, Milena y familia, Daniel, Willderman, Katta y el resto de los muchachos, todos muy lindos y amables. Yo espero haberles dado una buena impresión a pesar de no haber estado en mi mejor momento. De ese viaje también me quedó la certeza de que no importa lo mal que esté, siempre puedo seguir adelante, que no importa lo grande del miedo, yo soy más grande, que no importa que llore en las noches, siempre y cuando en las mañanas me levante dispuesta a continuar, a vivir y experimentar. Y llegó el 5 de agosto y me regresaba a mi amada patria, me recibió la enorme pancarta en el aeropuerto con la cara de Chávez y su “Patria, socialismo o muerte”, bueno, se acabaron las vacaciones de la pesadilla más larga de la historia (al menos de MI HISTORIA). Llegué dispuesta a resolver lo que tuviera que resolver para irme a Bogotá, tenía hasta un contrato de trabajo que me dio Daniel, para sacar la visa y estar legal en el país. Mi visita al consulado colombiano no arrojó buenas noticias y la rutina, el día a día cargado de tantas noticias que no dan chance a digerir ninguna, el miedo a salir de mi cueva y la terquedad de seguir luchando con la esperanza de que la era roja del país llegara a su fin, hizo lo suyo y el sueño de Bogotá se fue posponiendo y quedando atrás. Bueno, todo eso y que mi vida personal estaba pasando por grandes cambios que exigían atención.

Continúa el conteo regresivo para irme del país, a pesar de mí misma y llegamos a un terrible 7 de octubre de 2012, triste día para mi patria, otro más, pero éste muy significativo, un moribundo Chávez gana (según el podrido CNE) las elecciones presidenciales, yo embarazada de 37 semanas aproximadamente, lloraba a gritos y a moco tendido, en el piso de mi casa, sabiendo que mi hija estaba por nacer en un país secuestrado por unas bestias rojas sin escrúpulos de ningún tipo, sabiendo que ese resultado significaba que mis días en Venezuela estaban contados, que no sabía a dónde, ni en qué circunstancias, pero debía buscar junto con mi esposo, otro destino que nos librara de ese desastre de país en el nos habíamos convertido y que ya no quedaba esperanza cercana de recuperar.

Tener un hijo absorbe mucho y si quieres dar teta exclusiva y hacer crianza con apego, mucho más, así que desde el maravilloso e irrepetible 3 de noviembre de 2012, mi foco de atención fue Sarah Valentina, así que el tema país, aunque ineludible, pasó a un segundo o tercer plano. Sin embargo, es difícil no prestar atención a la debacle del país, es difícil cuando sientes que los pedazos del país te comienzan a caer encima y debes entrar a varios supermercados para poder encontrar un producto y ves colas y colas por todas partes porque “en el Plaza’s llegó la leche” o “en Central Madeirense llegó aceite”, es difícil mantenerte distante cuando comienzas a ver indiscretamente las bolsas de mercado de la gente en la calle, para ver si consiguieron harina de maíz y salir corriendo al supermercado a ver si todavía queda, cuando hablas con tus padres y te dicen que no consiguen papel higiénico, te enteras de que mataron al novio de una amiga de tu sobrina, que secuestraron a un vecino de Montalbán, es difícil mantenerse distante cuando sabes que el “presidente” se murió, pero que fue tan hijo de puta, que antes de hacerlo se encargó de dejar un sucesor en el corazón rojito de sus obcecados seguidores y que por supuesto (según el mismo CNE rojito) también ganó las elecciones aunque todo el mundo sabe que éste tipejo no le llega a los pies ni siquiera a Chávez, o sea, que esta vaina es mucho camisón pa’ Petra, pero total, no importa, no importa nada, no importa el país, el pueblo, la economía, lo que importa es mantenerse en el poder, lo que importa es votar por el idiota porque el “comandante supremo intergaláctico” así lo pidió antes de morir. O sea, todo el mundo se caga en el país. Entonces aunque uno no lo quiera se engancha y pelea a diario por la escasez, por la inseguridad, por la inflación, por la anarquía, por la crisis moral, por el miedo de no saber si llegas vivo a tu casa, y te das cuenta de que tienes 36 años y llevas casi 15, peleando por el país y que parece que nada vale la pena, que por ti, pero sobretodo por tu hija que es un ser inocente, que merece mucho, mucho más, debes darte la vuelta y buscar otro camino, otro lugar, que no se puede seguir mal viviendo, que no lo mereces.

Llegan los días más grises en la historia contemporánea del país y tú lo padeces hasta los huesos y junto con tu esposo, tomas la decisión de abrirte a nuevos rumbos, ahora sí, no podemos seguirlo postergando, tenemos una hermosa bebé de meses que merece no sólo una mejor vida de la que le podemos ofrecer en Venezuela, si no unos padres más felices, para poder darle lo mejor de nosotros. Comienzan a enviar currículos a diferentes destinos, Bogotá el primero en mi lista, pero cabe casi cualquier cosa, lo más importante es salir de donde estamos. En esta cuenta regresiva, me detengo en otro fatídico, pero sobretodo simbólico día, el 06 de enero 2014, a casi 15 años completos de “Revolución Bonita”, matan vilmente a Mónica Spear y su esposo y le meten un tiro en la pierna a su hija de 6 años. No es que Mónica fuera más importante que los muertos de todos los días, es que es una cara conocida, es que cuando se es artista de TV, la gente te siente como si fueras de su familia y esta muchacha era como de la familia de todos los venezolanos. Más allá del hecho de que fuera conocida o no, están las terribles circunstancias de su muerte, una mujer joven, exitosa, buena gente, viene a su país de vacaciones (porque no vivía aquí) a pesar de todas las noticias, a pesar de las estadísticas de inseguridad, viene a vacacionar en su país, porque quiere que su hija conozca sus maravillas y ame el país de su madre, y en qué termina la historia, en que de regreso a Caracas, de noche, cae en uno de los muchísimos huecos de las carreteras, se accidenta y la abordan para robarla y por encerrarse, presa del miedo, en el carro, es fríamente asesinada junto con su esposo y como saldo quedan, dos jóvenes padres muertos y una nena de 6 años huérfana y con una cicatriz en la pierna que le va a recordar para siempre el peor día de su vida. ¡Qué mal me sentí ese día! ¡Qué indignación! ¡Qué miedo! ¡Qué frustración! ¡Qué impotencia! ¡¡Qué rabia!! Ese día le dije a mi esposo con mi hija en brazos “¡Alejandro, me quiero ir YA!”. Y es que el pánico me invadió, pudimos haber sido nosotros, habíamos llegado a Caracas dos o tres días antes, por otra carretera, pero igual llena de huecos y de maleantes. Y los ángeles dijeron “amén” y al día siguiente Alejandro estaba recibiendo el primer correo desde Costa Rica, ofreciéndole una posibilidad de empleo. Algunas entrevistas y mucha corredera más tarde llegó ese día, ése al que tanto le temí, ése que esperaba con ansias y con mucho miedo, que sabía que llegaría, pero no cuándo ni cómo, y el 23 de marzo de2014 le dije “Adiós” a mi Ávila, mientras lo veía alejarse, ese día le di muchos besos a mis papis, a mi hermano, a mi sobrina Paula, fuertes abrazos a mis muy queridos suegros y me fui, con el alma paralizada, con el corazón y la cabeza como anestesiadas para que no doliera tanto. Pero duele, duele a diario, porque yo no soy así, porque yo no hubiese querido nunca estar en esta situación, porque siento que no tuve opción, que era una situación de vida o muerte, que estaba contra la pared y debí tomar la decisión más difícil de mi vida. Yo me fui de Venezuela, pero a ella la cargo enterita dentro de mí, y ahora debo lidiar con eso, ahora debo llorarla tanto como se lloran a los amores que se van, ahora vivo el despecho más grande de mi historia (y vaya que eso es bastante decir). Yo sé que todo está bien y que esta es otra oportunidad para superarme a mí misma, para transformarme, para crecer, para evolucionar, y sé que todo tiene su proceso y que estas cosas deben doler, nadie me tiene que explicar eso, así como nadie me tiene que explicar que esto es por nuestro bien y bla, bla, bla. Yo la teoría me la sé enterita, pero necesito llorar todas las veces que sea necesario, este dolor de no poder estar en mi patria amada, de no poder ver a mi hija crecer junto con sus abuelos, sus ti@s, de saber que mi hija no va a bailar Joropo, tambores o El Carite, en los actos del colegio...

Venezuela, ¡¡Cómo te amo!! ¡¡Cuánto me dueles!! Ojalá que Dios no se haya olvidado completamente de ti, a veces creo que sí.

Costa Rica, eres muy diferente, para bien y para mal, y también tienes muchas cosas en común con mi tierra. Sé que poco a poco aprenderé a quererte. Gracias por la oportunidad, gracias por recibirnos. Dios te bendiga.


Palabras de sabiduría:

…Y si un día tengo que naufragar y el tifón rompe mis velas, enterrad mi cuerpo cerca del mar, en Venezuela

Canción Venezuela
Pablo Herrero y José Luis Armenteros

domingo, 23 de marzo de 2014

Mi vida fuera de Venezuela – Día 1

La despedida

Hoy eran apenas las 2:30am, habiendo dormido apenas 2 horas, cuando desperté para prepararme a tomar un avión que me llevaría a otro país, pero esta vez sin fecha de retorno.

La decisión, ya tomada hace muchos años nunca fue tan real como en este último mes cuando realizaba todos los preparativos necesarios para poder comenzar este nuevo capítulo de mi vida.

Maiquetía, sentados en el suelo esperando. En el suelo. Con una bebé que empáticamente sabe que algo está pasando, pero que gracias a Dios no se da cuenta de qué es lo que sucede con exactitud.

Cada vez que la miro, se me arruga el corazón a un nivel que no conocía. Veo a mi esposa resistiendo, como sólo una madre resiste para no mostrarle a su hija de 16 meses la ansiedad de separación que (aún sabiendo que es sólo por unos días) nos agobia. La miro, la admiro. Me enamoro más de ella. Me doy cuenta una vez más de que todo esto lo hago especialmente por y para ellas, para darles una calidad de vida que en Venezuela no conocerán, al menos en unos cuantos años.

Cada tantos minutos debo respirar profundo, recordar la paz que hay en respirar conscientemente y enfocarme en los logros a los que este gran paso nos lleva.

Tras un buen rato debatiéndome entre la alegría y la nostalgia que ya siento por mi país, llega la hora de ir a la zona de embarque. Me despido. Nos abrazamos. Las lágrimas quieren saltar desde mis ojos, pero las contengo todo lo que puedo. Entro, voy a migración…  Ya no las veré más en persona hasta dentro de dos semanas. A ellas, a mis adoraciones…  Pero hay más, mi mamá el resto de mi familia que no viene… No los abrazaré en algún tiempo, así, indefinido, inaguantable, indescifrable. Quisiera meterlos a todos en una gran maleta y traérmelos. Pero no se puede.

Los extraño, justo ahora pienso si les habré dado suficientes besos, suficientes abrazos, si habré dicho te amo con suficiente frecuencia y peleado tan pocas veces que no pesen en la memoria. Justo ahora siento lo que es la soledad.

Paso inmigración, abordo el avión y ya el aire se siente distinto la tripulación está avocada a atender a los pasajeros, ayudarlos y orientarlos.

Los Estados Unidos de América

Despegamos y caigo en cuenta de que no sé cuándo volveré a pisar el suelo que me vio nacer. Siento que abandono a mi Venezuela cuando más necesita un guerrero, pero no puedo arriesgar al resto de mi familia, ellas me necesitan, ahora más que nunca. Peleo con las palabras cada vez que puedo, pero ahora mismo no puedo hacer más y no puedo soportar más. Me siento un extranjero en mi país. Ahora un extranjero dejando ese país que ya no reconozco.

Hace más de 20 años que no vengo “al norte” como le dicen en mi tierra. Las historias de inmigración cada vez se han vuelto más locas. Claro que no me extrañaría nada que de persona a persona se haya agregado un pequeño detalle personal que vaya haciendo el cuento cada vez más aterrador. Estoy por averiguarlo en apenas un par de horas.

En el avión, la cordialidad de la tripulación marca una diferencia notable con respecto a los vuelos nacionales que  tomé durante los dos últimos años. Se excusan por sólo tener 3 sabores de jugo y ofrecen comida caliente.

Los ojos se me cierran, el cansancio, el estrés y la resignación me empujan a decidir cerrar los ojos y comenzar a soñar con lo que vendrá. Sin embargo, paso las casi 3 horas del vuelo alternando entre dormir y despertar.

Anuncian el inicio del descenso y mi alma da un vuelco. No estoy soñado, esto es real, lo estoy viviendo en este momento y ya estoy en un nuevo trabajo, una nueva vida, un nuevo comienzo, que tiene por prólogo este viaje que me abrirá los ojos a todo aquello que fue desapareciendo en mi país.

Aterrizamos. Bajamos del avión y caminamos. Bromeo un poco con la persona que estaba sentada a mi lado (que durmió durante todo el viaje). Poco a poco nuestra conversación gira en torno a lo distinto que es todo acá y lo mal que está Venezuela, en los problemas de fondo y las esperanzas de que los años venideros sean mejores para esa tierra que sigue soñando con gente que la haga tan grande y hermosa como se lo merece.

Aeropuerto Internacional de Miami

Busco las maletas que deben ser entregadas a la conexión. Así lo hago y luego tengo varias horas para ver el aeropuerto. En este momento me siento como un niño de nuevo, todo me asombra y me pregunto por qué. La respuesta es obvia. Venezuela, sumida en su crisis ha sido incapaz de crecer, de hecho ha reducido su capacidad de asombrar al turista por cosas buenas y por el contrario, la cosas malas resultan ser las más mencionadas afuera. Mis ojos se cubren de agua, pero los retengo. Tengo hambre y camino un poco para ver qué hay en las tiendas. Innumerables productos de marcas, colores, sabores y especialidades distintas compitiendo por dar el mejor precio al consumidor. Al final  me decido por una ensalada empacada en una bandeja con un aderezo de mostaza miel. Lechuga, tomate, queso azul, pollo y zanahoria están repartidos en la bandeja esperando a que los reúna con el aderezo y así lo hago. Para acompañar, un jugo de naranja que dice 100% orange juice, pero no lo creeré hasta probarlo. Los sabores se funden en mi boca y siento que todo tiene más sabor, todo tiene más brillo, más frescor. Siento culpa, siento tantas cosas distintas. Sacudo mi cabeza para tratar de apartar todo esto y me concentro en comer.

Luego, con el estómago lleno, llega la pesadez. Necesito un café y observo cerca de mi puerta de embarque la oferta de un “café cubano”. No es más que un espresso, pero el trato, la forma de prepararlo y entregármelo todo hizo que valiera cada uno de los 85 centavos que me costó. Saco un cálculo rápido y multiplico por 11 (un aproximado a la taza de cambio actual de bolívares fuertes por dólar) y resulta que un café pequeño es más caro en caracas. Luego saco la cuenta opuesta con el precio innombrable (unos 80 por dólar) y me parece que 64 bolívares por un café pudiera parecer demasiado, pero el gusto con el que lo hicieron, la amabilidad con la que me trataron y el sabor de ese café le dan ese valor fácilmente.

Busco conexión inalámbrica, una hora gratis. Chateo con mis amores, con la familia y hago lo posible por mantenerme entero, pero resulta muy difícil. Los ojos se inundan y esperan un descuido para dejar caer sendas lágrimas que avanzan veloces por mis mejillas y llegan a mi camisa.

Poco a poco se hace la hora de embarcar y procedo a hacerlo. Es un día muy soleado en la ciudad de Miami y eso me realza el espíritu. Una vez más, la cordialidad me ayuda en el proceso y antes de que me de cuenta, estoy volando de nuevo.

Trato de descansar, pero un punzante dolor de cabeza aparece y arremete contra mis mejores intenciones. Durante esta lucha con el dolor de cabeza comienzan a repartir bebidas y pido un jugo de manzana. Jugo de manzana, cristalino, fresco, con hielo. Me refresco, bajo la cortina de mi ventanilla y me dispongo a dormir. Esta vez logro escapar al dolor de cabeza y puedo cerrar los ojos durante una media hora. Voy en camino a Dallas, Texas.

Aeropuerto Internacional Dallas Fort Worth

Llego al aeropuerto internacional de Dallas Fort Worth y el ambiente ya está más frío. Se siente la baja temperatura en el espacio que hay entre el avión y la manga. Busco red inalámbrica gratis, pero no hay. Comienzo a caminar por el aeropuerto a ver qué consigo y hallo un lugar que dice “FREE INTERNET”, pero necesito un cable Ethernet. Que bueno que traigo el mío en el maletín donde cargo la portátil. Logro hablar con mi familia, les comento cómo va todo hasta ahora y les digo cuánto los extraño a menos de 24 horas de haber salido del país.

Luego de un rato, busco un baño. Todo es automático, los urinarios, las inodoros, los lavamanos, los dispensadores de jabón y de papel para secarse las manos. ¡El agua de los lavamanos es agua caliente! Pues salgo luego en busca de algo que comer, veo un sitio que pinta interesante y los precios no se ven horribles. Decido intentarlo y pido sushi. La presentación es interesante, pero el sabor no lo es tanto. No me malentiendan, está bueno, pero no me quitaría el sueño de ninguna manera.

Llega la hora de irme, voy a la puerta de abordaje y espero a que nos llamen. Me monto en el avión y ya con muchísimas horas de sueño acumulado, trato de dormir un poco. Esfuerzo que resulta totalmente infructuoso.

Des Moines

Finalmente llego a Des Moines. 10:40pm (pero para mi 12:40). El cansancio amenaza con tumbarme. Espero las maletas, las recojo y me dirijo a la calle a tomar un taxi. El frío me golpea, aunque no con tanta furia, dado que estoy completamente cubierto de pies a cabeza.

No hay taxis, pero el encargado de la línea me dice que espere adentro para evitar el frío y él me llamará apenas llegue un vehículo. Así lo hago y al tomar el taxi trato de relajarme un poco. Ya casi termina este primer paso que se parece más a un salto entre edificios.

Candlewood Suites

Llego al Hotel y me reciben compañeros de trabajo que sabían que llegaría este día. Adentro una recepcionista excepcionalmente amable realiza todos los trámites en tan poco tiempo como le es posible e incluso me pregunta si quiero una habitación lo más cerca posible de mis compañeros. Asiento con la cabeza y me da las llaves electrónicas de la habitación.

Subo por el ascensor y al llegar, lo primero que hago es conectarme para avisar que llegué bien y que necesito descansar. El cansancio me vence y debo dormir.

He dado el primer paso hacia una mejor vida. A una temperatura bajo cero, que pudiera congelarle los ánimos a más de uno, me doy cuenta de que ha comenzado el prefacio de un nuevo amanecer, de una nueva vida que estará completa sólo cuando me reúna con mi esposa y mi beba.

martes, 6 de noviembre de 2012

¡Soy papá!

Soy papá.  Se dice fácil.  Pero la historia es complicada y maravillosa.  Durante todas las etapas me imaginaba cosas, soñaba con las sensaciones y los sentimientos de ciertos momentos específicos, pero les aseguro que nada me prepararía para el momento en el cual esos ojos infinitamente inocentes y tiernos trataran de enfocarse en mi.

Pero vamos por partes.  Voy a tratar de relatar esto con rapidez, sin extenderme tanto, pero intentando darles un vistazo de lo que sentí en cada parte del proceso.

El Embarazo

Nos enteramos que estamos embarazados.  La alegría es inmensa.  Somos dichosos.  Tanto mi esposa como yo comprendemos que hemos iniciado una nueva etapa en nuestras vidas.  Soñamos, hablamos, nos preocupamos, nos relajamos.

Queremos ser buenos padres.  No sólo padres.  Queremos ser ejemplares, queremos que nuestra hija sepa lo deseada que ha sido.  Que se sienta amada desde que está en el vientre de su mamá.

Pasan los meses y cada vez hay más cosas de la bebé en casa.  Una habitación comienza a tomar forma para acomodar a una niña y conforme se va arreglando, caemos cada vez más en cuenta de lo cerca que estamos de este paso.

Finalmente estamos muy cerca.  Semanas 39, 40…  Llegamos incluso a la 41.

La Espera

Es viernes 2 de Noviembre.  Poco más de la 1 de la tarde y comienzan a pasarle el Pitocín a mi esposa muy lentamente para tratar de iniciar el trabajo de parto y que continúe solo.

Pasan las horas y todo parece muy lento, quizás parece mucho más lento debido a la expectativa que tenemos.  Queremos que sea un parto en agua, es nuestra ilusión.

Van llegando los dolores a eso de las 4pm.  Caminamos, buscamos posiciones cómodas para pasar el dolor y entre risas la apoyo con todo mi corazón.  Busco que se ría para ignorar un poco las contracciones menores.  Luego se pondrán muy fuertes y debe estar relajada para que todo pase más fácil.

Son ya un poco más de las 7 y llega la doctora a hacerle un tacto.  3 centímetros.  La noticia no es lo que esperábamos, pues con tanto tiempo ya teniendo contracciones, lo lógico hubiera sido algo más de dilatación.  Pero buscamos tener paciencia, la bebé lo merece.

Pasan unas horas más, pasan las 11 y las contracciones son casi insoportables, ella no da más, está agotada.  La doctora hace otro tacto que, por su cara, me dolió a mi en el alma.  Admiro a esta mujer que se retuerce como una culebra en toda la extensión de la cama, tratando de soportar un dolor considerado de los más fuertes conocidos por el ser humano.  Los mismos 3 centímetros.  Eso casi nos desalienta y ella, al borde de la desesperación total pide un poco de anestesia. Impotencia.  Debo mantener la calma y darle fuerzas.  Casi no soporto verla así y no poder hacer nada. Pasa una media hora hasta que llega la anestesiólogo.  Otro tacto, ya en quirófano mientras la preparan para la anestesia en la columna. 6 centímetros! Lo que debía ocurrir en varias horas, sucedió en apenas 30 minutos.  Sólo imagino los dolores que estaba soportando y se me eriza la piel. Esta mujer es en verdad admirable.

Me llaman al quirófano.  La bebé parece estar encajada, pero no baja más.  Mueven y mueven la barriga.  Ya esa reina que es mi esposa, está anestesiada y siente las molestias, pero el dolor ha bajado tanto en intensidad que es completamente soportable.  Ella dice: vamos a esperar.  La doctora sigue examinando la posición de la beba y pide una segunda opinión.  Ambas coinciden.  Hay que hacer una cesárea.  La bebé no va a bajar más.

Nuestros ojos se encuentran, se que se han diluido todas las esperanzas de un parto natural, y mucho menos en agua cómo lo habíamos soñado tanto.  Pero es el nacimiento de nuestra hija.  Ambos estamos claros en que esperamos todo lo que pudimos a que la bebé decidiera salir por sí misma.  Si es una cesárea es porque la niña así lo quiso.

El Nacimiento

Preparan todo.  Me aparto mientras colocan todos los instrumentos estériles en posición.  Me explican dónde debo ubicarme y así lo hago para poder filmar todo el proceso.  En dos ocasiones debo salir a tomar aire fresco.  Los cortes, las pinzas, el instrumento de cauterización, el olor a carne chamuscada.  Todo se acumula en mi cabeza y necesito recobrar la compostura.  Debo ser fuerte para inspirarle fortaleza a mi esposa.  Ella lleva la carga más pesada.

Pasan los que han sido, a mi parecer, los minutos más largos de toda mi vida.  La doctora se abre paso a través de capas de piel y músculo hasta que de pronto asoma la cabeza de nuestra bebé.  Una cabeza llena de un cabello muy fino, muy oscuro.  Mojado, termina de salir el resto de su cuerpo.  La envuelven rápidamente en un cobertor blanco que se mancha en un par de secciones de sangre de manera inmediata.  La limpian un poco mientras hacen fricción para darle calor.  Sin esperar un segundo más, abre un par de ojos espectacularmente oscuros, grandes, profundos y hermosos.  Nuestra beba acaba de abrir los ojos al mundo que la rodea.  Y allí estamos sus padres, junto a ella para socorrerla, para ayudarla en esta transición.  Un par de segundos el mundo se detiene a mi alrededor mientras contemplo completamente embelesado los ojos de mi bebita.  Llora.  Parece que nada se mueve.  En el fondo oigo: “rápido… tiene frío”.  Me la ponen el los brazos apenas unos segundos para que su mami y yo la besemos y le demos la bienvenida.  Se extiendes unas manos enguantadas que me la piden.  La entrego y le aviso a mi esposa que voy con nuestra niña.  Ella asiente y sonríe.

La comienzan a limpiar, en su rostro se nota que no le gusta tanto ajetreo.  Hace apenas unos minutos sólo conocía el olor y el sonido profundo del corazón de su mamá, la voz de papá y los sonidos que se filtraban hacia el vientre que era su hogar.  Está en un lugar desconocido, llora.  Le hablo suavemente y le explico lo que hace la pediatra, el llanto se apaga y parece prestar atención a mis palabras.  El procedimiento pasa con rapidez, pero con mucha delicadeza, la pesan, la miden, la siguen limpiando.  Yo sigo hablando y los llantos son esporádicos y duran apenas algunos segundos.  Finalmente la doctora (pediatra) se va y me quedo acariciándole las piernas.  Volteo y pregunto por mi esposa.  Una voz me responde: “Van a terminar pronto, ella está bien”.  Le masajeo los pies a mi pequeña con apenas 3 dedos y trato de calentárselos entre mis manos.  Ella está tranquila.  Nada parecido a esos partos en los que los bebés lloran y lloran durante minutos infinitos.

En unas cuantas zancadas, apenas me lo permiten voy hasta el quirófano y mi esposa me recibe con un suave, pero firme: “¿dónde está mi bebé?”.  Le sonrío, con las lágrimas sostenidas y una gran sonrisa, admirándola cada vez más: “está bien, aquí al lado esperándote.  Voy con ella y te esperamos juntos”.  Le doy un beso y dejo que los doctores terminen su trabajo.

Mis ojos no se pueden despegar de la bebé.  La miro casi atontado y no paro de hablarle, no paro de decirle que la amamos, que su mami ya viene y lo hermosa que es.  Lo bellos que son sus ojos y que queremos estar allí para ella siempre.

Su mamá llega a Recuperación mientras ayudo a vestir a la bebita y en apenas unos segundos la nena está pegada a su pecho ingiriendo el calostro que mana sabiamente desde el cuerpo de su mamá.  Es un momento épico.  Se me ahogan las palabras, sólo puedo verlas y admirarme de ese cuadro tan único y especial.

Finalmente soy papá.

martes, 23 de octubre de 2012

Cancionero – Pequeña Serenata Diurna

La siguiente es una canción de esas que cala profundo en los huesos.  De esas que uno escucha y pueden pasar dos cosas mutuamente excluyentes, o bien la disfrutas al máximo o bien la sufres porque estás del otro lado de la canción.  Mis queridísim@s lectoræs, l@s invito a escuchar una canción estupenda de Silvio Rodríguez, los dejo con Pequeña Serenata Diurna.  Dedicada especialmente a l@s muert@s de mi felicidad :)

Vivo en un país libre,
cual solamente puede ser libre
en esta tierra, en este instante,
y soy feliz porque soy gigante.

Amo a una mujer clara
que amo y me ama
sin pedir nada o casi nada,
que no es lo mismo pero es igual.

Y si esto fuera poco,
tengo mis cantos que poco a poco
muelo y rehago habitando el tiempo,
como le cuadra a un hombre despierto.

Soy feliz, soy un hombre feliz,
y quiero que me perdonen,
por este día, los muertos de mi felicidad.

 

Debido a que un comentario me llamó la atención, publico lo siguiente:  El país, en mi interpretación de la canción soy yo mismo, es mi vida.  Y los muertos de mi felicidad, son quienes pasaron por mi vida, pero debieron abandonarla por alguna razón.

jueves, 13 de enero de 2011

Corazón, Convicción y Consciencia

colored keys Una vez más, mis dedos tratan de deslizarse sobre el teclado tan rápido como los pensamientos a través de mi mente.  Apenas hace un par de semanas estaba en la década pasada.  2012 se acerca y aunque no creo que venga el apocalipsis, definitivamente creo que será el fin de un gran ciclo y el comienzo de un nuevo orden universal.  Y no digo que el mundo dejará de existir como lo conocemos, pero muchas cosas cambiarán.

Los aprendizajes de fin de año fueron intensos, y no han bajado el nivel en el comienzo de esta nueva década.

punch-you Resulta entonces que en ocasiones nos encontramos en una lucha interna, de las más cruentas que tendremos en la vida, dado que es una lucha con y contra nosotr@s mism@s.  De las más duras:  el corazón contra la razón.

Muchas veces resultará que las casualidades, aunque siempre he dicho que tal cosa no existe, nos llevarán a una situación específica.  Una situación donde nuestra intuición, nuestro corazón y hasta nuestro cuerpo nos griten que debemos avanzar.  Sin embargo, nuestra mente, nuestras convicciones y nuestros planes pueden pedirnos imperiosamente que nos detengamos.

Si estuvieran en la situación de comenzar una relación sabiendo que tienen una “fecha de expiración” porque existe una posibilidad muy alta de que tal relación dure sólo hasta ese momento…  ¿Qué harían?  Si el corazón palpita con premura ante la presencia de esa persona, si las sonrisas están a flor de piel en su compañía y si el peor día de tu vida ya no parece tan malo sólo por el hecho de hablar con ese ser…  ¿Qué harías?  ¿Dejarías de vivir semejante experiencia por miedo al dolor de una separación anunciada?

¿Apostarías al cambio? ¿Darías el paso al frente y te montarías en ese tren con todos los riesgos que implica?  Después de todo, como dice Alan Kay, la mejor manera de predecir el futuro es inventarlo.  Si algo no está escrito en la vida es cada paso que daremos en nuestro camino.  Por lo menos, esa es mi opinión también.  Sí creo que hay ciertos hitos, puntos importantes, en nuestras vidas que son ineludibles.  Pero cómo a través de cuál camino llegaremos a ellos…  Eso es otro tema completamente distinto.

A69CCX He aquí, que el corazón brinca y grita:  ¡arrójate a volar!  Mientras que la convicción de caminar al borde de ese abismo ha hecho lo suyo para mantenernos sanos y salvos y alejados, hasta cierto punto, del dolor.  Por último, la consciencia que siempre nos invita a pensar un poco más analiza el camino sinuoso por el que hemos transitado y la posibilidad de volar y da pros y contras de cada uno.

Cada quien tiene un trabajo, cada cual tiene su puesto, y todos quieren salir ganando.

Meditating La razón nos invita a ver las cosas fríamente, de manera objetiva y con los ojos puestos en el futuro.  Evaluar el mejor curso de acción.  El gran problema es que esto supone desprendernos de cuánta emoción conozcamos y dejar la subjetividad de un lado, lo cual en algunos casos puede ser muy difícil.

En un costado, viene la convicción.  Los planes, las ilusiones, las metas…  Todo aquello que hemos atesorado en nuestras mentes y parte en nuestros corazones y que supone el conjunto de logros que necesitamos para ser felices.  Eso que nos motiva, esa cantidad de cosas que nos hace levantarnos cada mañana y soñar a futuro para alcanzar horizontes más lejanos.  Nos trazamos un camino, planificamos y esa convicción es la que nos mantiene en él.

Finalmente, llega el corazón, brincando, asomándose de lado a lado del camino en busca de una aventura, de algo que lo convierta en un héroe, de algo que pueda hacernos dar un brinco hacia adelante, hacia un costado o, incluso hacia arriba…

En fin… Yo opino que hay que buscar cierto equilibrio entre las tres cosas y, de esa manera, usar la razón para encausar al corazón y poder modificar la convicción a medida que el camino lo requiera.

Palabras de Sabiduría:

Para lograr algo grande, necesitas tres cosas:
Un Sueño, un apoyo y un refugio.

Uno de los ejecutivos de Oracle

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Estar solo no es casualidad - La Princesa Busca Marido (Jorge Bocay)

Lo siguiente es un cuento narrado por Jorge Bucay en una entrevista como respuesta a la pregunta: ¿Cómo saber que una relación se ha terminado? Es sumamente elocuente y creo que, sin lugar a dudas, expone una situación a la cual nos hemos enfrentado casi tod@s.  Nos empeñamos en luchar, en recuperar, en vivir algo que en algunas ocasiones ha muerto sin remedio alguno.  La pregunta es precisamente…  ¿Cómo podemos saber si una relación terminó? ¿Cómo saber si debemos luchar en contra de todo? ¿Cómo saber si vale la pena el esfuerzo sobrehumano que ponemos en ella algunas veces?  Pues lean, mis estimadísim@s lectoræs y espero que este hermoso cuento les dé una nueva perspectiva, como me la dio a mí.

LA PRINCESA BUSCA MARIDO

Había una vez una princesa, que quería encontrar un esposo digno de ella, que la amase verdaderamente. Para lo cual puso una condición: elegiría marido entre todos los que fueran capaces de estar 365 días al lado del muro del palacio donde ella vivía, sin separarse ni un solo día. Se presentaron centenares, miles de pretendientes a la corona real. Pero claro al primer frío la mitad se fue, cuando empezaron los calores se fue la mitad de la otra mitad, cuando empezaron a gastarse los cojines y se terminó la comida, la mitad de la mitad de la mitad, también se fue.

Habían empezado el primero de enero, cuando entró diciembre, empezaron de nuevo los fríos, y solamente quedó un joven.Todos los demás se habían ido, cansados, aburridos, pensando que ningún amor valía la pena. Solamente éste joven que había adorado a la princesa desde siempre, estaba allí, anclado en esa pared y ese muro, esperando pacientemente que pasaran los 365 días.

La princesa que había despreciado a todos, cuando vio que este muchacho se quedaba empezó a mirarlo, pensando, que quizás ese hombre la quisiera de verdad. Lo había espiado en Octubre, había pasado frente a él en Noviembre, y en Diciembre, disfrazada de campesina le había dejado un poco de agua y un poco de comida, le había visto los ojos y se había dado cuenta de su mirada sincera. Entonces le había dicho al rey:

- Padre creo que finalmente vas a tener un casamiento, y que por fin vas a tener nietos, este es el hombre que de verdad me quiere.

El rey se había puesto contento y comenzó a prepararlo todo. La ceremonia, el banquete e incluso, le hizo saber al joven, a través de la guardia, que el primero de Enero, cuando se cumplieran los 365 días, lo esperaba en el palacio porque quería hablar con él.

Todo estaba preparado, el pueblo estaba contento, todo el mundo esperaba ansiosamente el primero de Enero. El 31 de Diciembre, el día después de haber pasado las 364 noches y los 365 días allí, el joven se levantó del muro y se marchó. Fue hasta su casa y fue a ver a su madre, y ésta le dijo:
- Hijo querías tanto a la princesa, estuviste allí 364 noches, 365 días y el último día te fuiste. ¿Qué pasó?, ¿No pudiste aguantar un día más?

Y el hijo contestó:

- ¿Sabes madre? Me enteré que me había visto, me enteré que me había elegido, me enteré que le había dicho a su padre que se iba a casar conmigo y, a pesar de eso, no fue capaz de evitarme una sola noche de dolor, pudiendo hacerlo, no me evitó una sola noche de sufrimiento. Alguien que no es capaz de evitarte una noche de sufrimiento no merece de mi Amor, ¿verdad madre?

Cuando estás en una relación, y te das cuenta de que pudiendo evitarte una mínima parte de sufrimiento, el otro no lo hace es, porque todo se ha terminado.

Creo que la historia habla por sí sola.  Se me atravesó en Facebook y me impactó lo simple de su relato, lo inmenso de su mensaje y claro de su lenguaje.  Si tú amas, si ya estás decidid@, si crees que una relación vale la pena…  Habla, expón tus dudas, tus quejas, tus problemas, tus soluciones.  Discute, en buenos términos, lucha y sigue amando…  Pero no juegues con el amor.  No lo “pongas a prueba” como la princesa de este cuento, porque puede resultar que tal cosa sólo te lleve a perderlo.  Cuando ames, hazlo inteligentemente.  El amor no debe doler.  El amor debe ser, siempre, causa de sonrisas y alegría.  El cuento está lleno de palabras de sabiduría, no creo que se necesiten más.

martes, 30 de noviembre de 2010

Miedo al éxito. Miedo a la felicidad.

Apenas la noche del domingo pasado, en conversaciones con una persona súper especial surgió el tema de los miedos.  En particular una especie de terror que se va apoderando de nosotros en algunos aspectos de la vida que resultan absolutamente perjudiciales para nuestra realización personal.

El miedo a éxito.  El miedo a la felicidad.

Pues resulta que es bastante común conseguirnos con la elección entre la comodidad de algo que nos satisface a medias y el riesgo de un cambio que aparentemente nos llevará a una mejor situación.  Es natural sentir temor ante el cambio, el miedo a lo desconocido es la base de la mayoría de los miedos.

He conocido casos en los cuales el riesgo es mínimo y la ganancia promete ser estupenda, pero el miedo ha paralizado a quienes han tenido la oportunidad en sus narices y la han dejado ir por la tranquilidad que representa la “estabilidad” que sienten en el momento.

Mejor malo conocido que bueno por conocer es lo que dice un viejo dicho. ¡Pues que cosa más absurda!  Así, claro que tendremos infinidad de malos momentos.  Nunca preferiré quedarme con algo malo cuando en el mundo hay tantas cosas prometedoras.

Un simple ejemplo.  Mi país.  Lo adoro, de cabo a rabo.  Es una belleza, es una maravilla porque tenemos un pequeño planeta entero aquí.  Nieve, desierto, playas, montañas, selvas, ríos majestuosos y los tan famosos tepuyes.  Nada se compara con esta hermosa tierra, sin embargo está encaminada por muy mal rumbo, lamentablemente sus valores morales actuales no son o que eran en mi niñez y no quiero que mis hijos crezcan en un lugar con 40 muertos cada semana.  Me niego a ser un padre de luto.  ¿Solución?  Mudarme de país apenas esté preparado, que no es dentro de mucho, por cierto.  Con la ayuda de Dios, todo saldrá como lo espero.  Y claro, algun@s dirán: ¡Pero que loco! Irse sin familia, sin nada, a la deriva.  ¡Yo nunca lo haría!  Claro, el miedo es quien habla con semejantes palabras.  Yo no he dicho que me vaya a ir a otro lugar con un taparrabos a pescar en la orilla del mar.  Soy un profesional y sé que con planificación y buena actitud, todo se puede lograr.

Cuando hablamos del ámbito amoroso, en la mayoría de las ocasiones sentimos temor de repetir situaciones que nos han resultado dolorosas.  Hemos confiado y hemos sido traicionad@s.  Hemos amado y hemos sido dejad@s, engañad@s, maltrad@s o, de alguna manera, violentad@s en nombre del amor.  Entonces, de alguna forma, resulta que ¿debemos pensar que “algo malo” pasará porque así son las cosas siempre? ¡PUES NO!

El miedo te pisará si lo dejas El miedo es como un ancla.  Es miedo es un peso inmenso que no te deja mover.  El miedo hace que renuncies a tus sueños.  El miedo hace que te escondas.  El miedo sólo te habla de cosas malas.  El miedo sólo busca aislarte y controlarte.  El miedo no te deja ser libre.  ¡ROMPE CON EL MIEDO! No le hables y no dejes que te hable.  Porque sólo quiere mal para ti.

He escuchado como si fuera una explicación razonable: es que la gente no está acostumbrada a tanto amor.  Válgame.  ¡Que horror! ¡Me quieren demasiado!  Mejor corro, porque esto de tener todo este cariño me es totalmente desconocido.  Yo digo que no.  Yo digo que debemos aceptarlo, debemos disfrutarlo, debemos recibirlo.  Porque siempre somos nosotr@s mism@s quienes nos negamos las mejores cosas de la vida.  Somos nosotr@s quienes nos negamos a conocer a mejores personas.  Nos negamos a tener mejores trabajos.  Nos negamos a conseguir ese amor bonito que hemos buscado durante años, sin éxito con la sola excusa de que nos asusta que nos quieran justo como lo hemos deseado.  Nos negamos a tener éxito en la vida porque solemos conocer y escuchar más de fracasos que de éxitos.  Y está claro por qué.  No se aprende tanto de un éxito como de un fracaso.  Los fracasos nos permiten pulir detalles, reconocer errores, perfeccionar planes y cambiar actitudes.  Pero no porque esos fracasos sean más populares para el aprendizaje, nos tenemos que volver adictos al drama.

Yo pienso que aunque hay que estar preparado para lo peor (o por lo menos tratar), siempre debemos esperar lo mejor.  Yo creo en la buena fe, creo en el buen corazón, creo en que existimos más personas de buen corazón que el contrapuesto.  Yo creo en el amor.  Y aunque he estado muy tentado a despotricar de él y hasta del mismísimo Cupido, hoy en día confío.  Confío ciegamente en mi amor, porque algo tan bueno no puede resultar en nada malo.  Entrego mi amor a brazos abiertos.

Offering a hug Al llegar a la oficina, lo hago con una sonrisa, reparto apretones de manos, palmadas en la espalda y abrazos por doquier.  ¡Y vaya si se siente estupendo!  Es una maravilla.  Es genial ver como alguien que está despidiéndose al final de la tarde se devuelve entre sonrisas y protestas con el único fin de no dejarte con los brazos extendidos.  Es estupendo ver cómo alguien que llega usualmente sin un sólo minuto para compartir más que un rápido “buenos días” se toma 10 o 15 segundos para acercarse y darte un abrazo cálido que le genera una sonrisa.  Y ni hablar de uno de mis mejores amigos.  A él lo saludo con un gran abrazo cada vez que lo veo, y le digo: te quiero mucho, mi amor.  Y, en ocasiones, hasta un beso en la cabeza le doy.  Y no me importa lo que pueda decir el mundo.  Eso crea un ambiente envidiable de sonrisas y buena vibra a mi alrededor que me hace sentir cada día que esa es la manera en la cual se deben hacer las cosas.

Yo digo te quiero, te amo, te adoro.  Lo digo varias veces al día.  Sólo hoy le dije tres o cuatro veces a mi hermana ¡Te amo! mientras terminaba de desenredarme de sus brazos para ir al gimnasio.  Ella me respondió que había ironía en aquellas palabras.  Mi respuesta no se hizo esperar…  La abracé con fuerza y le dije: Nunca.  En esas palabras no hay ni una gota de ironía. Te amo.  Ella sonrío y cuando me dispuse a bajar las escaleras, sólo me abrazó desde la espalda sonriendo y buscando juguetear conmigo hasta que llegué a la planta baja de la casa.

Gracias a esta actitud he conocido gente maravillosa.  Claro, también he conocido gente que sólo me ha enseñado cuán vacía puede estar una persona, cuán triste puede ser la vida de alguien que no busca mejorar su propio ser sino que busca tumbar a los demás para que estén a su nivel.  Sin embargo, el saldo es positivo.  Así que nada de lo que pase me hará voltearme a escuchar al miedo de nuevo.

¡Vamos gente! Confíen un poco.  No digo que se vuelvan “creyones” de tanto creer…  Pero no es tan difícil pensar que nos merecemos la felicidad que tenemos frente a los ojos.

pe0072642 Como las semillas que vuelan del Diente de León, sin miedo, hacia su destino, así debemos nosotr@s volar hasta conseguir el sitio donde nuestro amor germine y crezca libre de cualquier opresión.

Palabras de Sabiduría:

El Ser humano es feliz en la medida en que es consciente de que posee un talento capaz de transformar la mueca de un dolor ajeno en la sonrisa de una alegría

Anónimo (hasta que alguien lo refute)

viernes, 26 de noviembre de 2010

Cacheteado por mis propias palabras

Fixed Heart Anoche fue bastante terrible la hora de dormir…  Ella no salía de mi cabeza.  Su imagen me acosaba en el techo, en el escaparate, en el piso…  hasta debajo la cobija.  Finalmente…  Oculto bajo sábana y cobija, me quedo dormido eventualmente…

Me levanto al oír la voz de mi hermana.  Voy al baño a asearme.  Cepillo de dientes en mano, me miro al espejo y pienso Dude! What’s wrong? You look like shit! (Viejo, ¿Qué pasó? Te ves hecho una mierda).  El espejo sonríe con algo de sorna y me responde directo a la mente Yeah! I feel like shit, so leave me alone! (¡Sí! me siento como mierda, así que déjame en paz).  Termino de asearme sin prestarme más atención.  Me peino un poco…  Termino de vestirme y saliendo, mi hermana de nuevo.  La llevo al colegio.

Camino al trabajo, Tiempo de Cuaimas de nuevo…  El tema:  “El Rechazo”.  Y pienso: Lo que me faltaba.  Miro al cielo y digo Gracias…  con un dejo de cansancio.  Un súbito impulso lleva lágrimas a mis ojos.  A buena vaina…  Ahora si me acomodé yo.  Siento que todo sigue revuelto dentro de mí, pero puedo sentir que tal vez no se trate sólo de mi.  Es ella.  Me pregunto ¿Estará leyendo lo que escribo? Supongo que sí…  La estás cagando, Guácharo.  Me increpo.

Tranca en la autopista, subo por la rampa de Altamira hacia la tranca segura de Plaza Francia, pero me desvío, tomo un atajo…  ¡Sirvió!  Casi no lo creo.  Continúo mi camino, no le presto demasiada atención a nada que no sea la vía o los carros más cercanos a mi.  Sigue Tiempo de Cuaimas, pero lo oigo…  No lo escucho, no me importa escucharlo hoy.  Sólo logra escabullirse una frase a mi cerebro en la tertulia de Vanessa y Noliyú.  Si te rechaza, él se lo pierde. Claro, ellas hablan en términos femeninos siempre…  Y pienso de nuevo ¿Y cuando alguien no se va a querer perder estas maravillas de personas que somos? Ironía.  ¿Qué estás haciendo, Alejandro? La ironía no es tu estilo.  No te dejes.  Sonrío.  Ahora resulta que me regaño más que de costumbre.

Estaciono, camino.  Llego a la oficina. Misma rutina, saco laptop, conecto todo, enciendo.  Otra erupción de lágrimas repentina.  Bien bello, pues.  Ahora voy a ser la Magdalena de la oficina.  Voy al baño, me enjuago la cara, respiro hondo.  Salgo y me avoco a las tareas de hoy.  Va pasando el tiempo y de tanto en tanto, las erupciones llegan.  Unas cuantas lágrimas se cuelan de tanto en tanto.  Franelazo y las seco.  SHIT! Tengo la nariz tapada y ahora moqueando.  Ahora voy a ser el mocoso de la oficina.  Con la cara de pocos amigos que cargo no creo que alguien vaya a decirme nada.  Llega Carolina.  Me da la mano, me abraza y pregunta ¿Cómo estás? Respondo casi inconscientemente Ahí. Pienso que debo desayunar.  Carola, ¿ya comiste?  Me ve con comprensión.  Me excuso diciendo que quedó el otro yogurt en la nevera.  Pero quiero un café, bajamos y terminamos yendo al negocio de las empanadas.  Carolina me reconforta y con su bebé en el vientre, se debe alimentar bien.  Yo invito.  Y además me compro una empanada.  Subimos, comemos, hablamos, nos vamos a trabajar.  Pasadas las 10 de la mañana comienzan a titilar un montón de ventanitas en mi escritorio.  Chats.  una cantidad insólita de gente me pregunta cómo me siento.  Trato de explicarle a cada un@ que en la mayoría de las partes de mi vida, estoy en excelentes condiciones, pero que mi corazón se encuentra en un torbellino de emociones que no sabe manejar.  Eso es lo que me tiene mal.

Tod@s van cediendo a mis explicaciones y algun@s me dicen que nos veamos.  Espero poder reunirme con much@s de ell@s, aunque sea para abrazarl@s y agradecerles.  Cada un@ me hizo sentir que he hecho bien en la vida, puesto que me vieron en un momento duro y prestos vinieron a socorrerme con palabras de ánimo.  Gente desde la guardería, pasando por el colegio y la universidad hasta terminar con una compañera de mi trabajo anterior y una lectora de mi blog que llegó a él por comentarios en Tiempo de Cuaimas.  Tod@s me hablaron y me dieron ánimo.  Vaya si tengo suerte.  Cuento con una cantidad de gente espectacular a mi alrededor que se preocupa genuinamente por mí.  Y resulta que no lo sabía.  Una sonrisa genuina asoma en mi rostro.

Mi cara de agotamiento, sin embargo, habla de como me siento aun en el ámbito sentimental.  Sigo trabajando.  Carolina me espera para almorzar.  Creo que en parte sabe que como me preocupo por el bebé y quiero que coma bien, aunque no tuviera muchos deseos, iré con ella a comer “bien” en el Centro Comercial.  Ella invita.  Hablamos, discutimos (en buenos términos), ella expone puntos, yo también argumento.  Vamos por el café de costumbre.  Yo invito. Y le invito la torta…  El antojo de hoy.  Me habla del bebé.  Sabe que eso me hace feliz.  No me gusta verte así… Me dice eventualmente.  A la oficina de nuevo.  Trabajo.

Aparecen un par de ventanitas de chat más.  Una bella amiga de la universidad me habla, me pide que le explique con un poco más de detalle.  Utiliza una lógica irrefutable y además me dice: Yo estuve en sus zapatos, yo sé lo que es eso.  Dale su espacio.  La última frase me llega al rostro como una cachetada.  ¡Es su espacio! ¡Libertad! vienen los pensamientos a mi cabeza.  Me termina de zarandear como un perol a punta de palabras muy bien organizadas y argumentos que me hacen pensar en mi mismo analizando los problemas de alguien más para ayudarlo.  Vaya, ¡pero es que estoy embrutecido!

Terminamos de hablar y me doy cuenta.  ¡Miedo! ¡Un miedo terrible a perderla! Pero que estupidez, ¡estoy escuchando al miedo!  Otra compañera de trabajo me dice que la puse a llorar como una quinceañera en drogas.  Me carcajeo, no puedo evitarlo.  Sólo a ella se le ocurriría tal cosa.  me manda a escuchar unas canciones que son como puñales.  Pero ya no lo son.  Porque me develaron el problema.  Le prestaba más atención a mi miedo que a mi amor por ella. ya no más.  Comienzo a reír.  Me siento feliz por el vuelco del día.  Pienso en ella y sólo recuerdo los buenos momentos.  Y espero y confío que nuestra conexión le permita sentir lo que yo estoy sintiendo. Si es para ti, si ella es como tú piensas, la indicada…  Vendrá en el momento exacto.  Esas palabras se quedaron dando vuelta en mi cabeza.  Confío en mi amor, confío en su sinceridad y confío en lo que vivo y siento.  No hay más lágrimas.  Hasta mi mamá me llamó y repitió lo mismo...  Dale tiempo… ya vendrá.

Llega la que llora como una quinceañera en drogas.  Me abraza.  Estoy escuchando If it kills me de Jason Mraz.  ¡Guacharito! ¿Estás al borde de la muerte? ¿Qué es esa canción?  Y me río y le digo: No trata de suicidio ni nada por el estilo.  Y es una muy buena canción.  Comenzamos a escuchar canciones de esas como puñales y me dice que la voy a hacer llorar en serio.  Vamos por un café.  Hablamos.  Y me dice que confíe en Dios.  Que Él sabe lo que hace. Y que rece.  Y la quiero por eso.  Hoy Dios me mandó el escuadrón completo de rescate de corazones heridos por el miedo.

Llega a mi cabeza un artículo de hace unas 3 semanas.  El amor es y con eso basta.  Me río de mi mismo y de cómo puedo ignorar mis propias palabras.  Me siento enormemente mejor.  Una frase de ella aparece en mi pantalla.  Sólo confirma lo que pienso.  Está allí, debo confiar, debo dejarla pensar.  Debo mantenerme firme.  Tomo al miedo por la pechera y le digo directo a los ojos: ¿Sabes qué? ¡Jódete! ¡No te quiero volver a ver cerca de mí…  O de ella!  Siento la libertad una vez más.  Me siento dichoso sólo por saber que existe, sólo por saber que existo para ella.  Me siento bien de entregarle el amor que le entrego cada día.  Cada noche en estas letras… hasta que volvamos a la normalidad.  Sé que está preocupada, puedo sentirlo.  Y hoy, aunque me sentía muchísimo mejor y más tranquilo, tenía que dejar salir también esta tranquilidad y derramarla en palabras sobre estas líneas para que, si pasa por aquí, sepa que este amor es real.  Tan real que no dudará nunca más ni de mí, ni de ella, ni de el amor en sí…  Porque el amor es…  No necesita pruebas, está, se siente, y el amor no duele…  Me dolía el miedo y ya lo saqué de nuestro camino.

Hoy, que fue día de acción de gracias, agradecí a Dios por mandarme a tanta gente a decirme cuánto valgo y recalcarme lo mismo.  Si es… Ella vendrá, ella se dará cuenta. No te preocupes.  Hoy le agradecí al Señor por mi familia, mi madre que en un par de frases me adivinó la tristeza y estuvo hablando conmigo.  Mis amig@s, sencillamente espectaculares.  No puedo quejarme, sólo puedo agradecer la suerte tan maravillosa que he tenido.

My heart Y si lees esto, tú a quién aquí sólo llamo ella, a ti te agradezco hacerme sentir tan dichoso, tan capaz de dar amor, tan capaz de hacerte feliz, tan capaz de provocar sonrisas, tan capaz de devorarme al mundo.  Te agradezco la huella que ya estás dejando en mi corazón.

Como Buzz Lightyear!

domingo, 6 de junio de 2010

El bambú japonés y mis amigos de La Mancha

Es increíble lo mucho que nos puede acercar Internet a una gran cantidad de personas alrededor del mundo.  Hace apenas unos días recibí una gratísima sorpresa en mi bandeja correo electrónico.  Un lector del blog me escribió y entre las muchas cosas hermosas que dijo hubo una aclaratoria que me puso a pensar; al final del correo y antes de citar la reflexión que aquí coloco justo como me la mandó se podía leer: Un fuerte abrazo... y en La Mancha tienes unos amigos.

Sólo atiné en el momento a sentirme lleno de alegría, de esperanza y de ¡ganas de seguir escribiendo, claro!

Muchas gracias, Sea y muchas gracias Raquel V.P.

El bambú japonés

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego.

También es obvio que quien cultiva la tierra no se detiene impaciente frente a la semilla sembrada, y grita con todas sus fuerzas: ¡Crece, maldita seas!

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú y que lo transforma en no apto para impacientes:

Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente.

Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡más de 30 metros!

¿Tardó sólo seis semanas en crecer?

No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.

Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo.

Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta.

Es tarea difícil convencer al impaciente que sólo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado.

De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo.

Y esto puede ser extremadamente frustrante.

En esos momentos (que todos tenemos), recordar el ciclo de maduración del bambú japonés, y aceptar que en tanto no bajemos los brazos -, ni abandonemos por no "ver" el resultado que esperamos-, si está sucediendo algo dentro de nosotros: estamos creciendo, madurando.

Quienes no se dan por vencidos, van gradual e imperceptiblemente creando los hábitos y el temple que les permitirá sostener el éxito cuando éste al fin se materialice.

El triunfo no es más que un proceso que lleva tiempo y dedicación.

Un proceso que exige aprender nuevos hábitos y nos obliga a descartar otros.

Un proceso que exige cambios, acción y formidables dotes de paciencia.

Tiempo... Cómo nos cuestan las esperas, qué poco ejercitamos la paciencia en este mundo agitado en el que vivimos...

Apuramos a nuestros hijos en su crecimiento, apuramos al chofer del taxi... nosotros mismos hacemos las cosas apurados, no se sabe bien por qué...

Perdemos la fe cuando los resultados no se dan en el plazo que esperábamos, abandonamos nuestros sueños, nos generamos patologías que provienen de la ansiedad, del estrés...

¿Para qué?

Te propongo tratar de recuperar la perseverancia, la espera, la aceptación.

Si no consigues lo que anhelas, no desesperes...

Quizá solo estés echando raíces...

Debo añadir, mis amigos de La Mancha, que de este lado del planeta cuentan con un amigo también.  Saludos, abrazos y bendiciones.

viernes, 14 de mayo de 2010

Los Cuatro Acuerdos del Dr. Miguel Ruiz

Que bueno verl@s por aquí mis muy estimad@s lectoræs.  En esta ocasión les haré un resumen súper ejecutivo de un libro que me ha parecido genial Los Cuatro Acuerdos, de Don Miguel Ruiz.  En este ensayo, el autor nos da una visión particular de la vida – basada en la sabiduría tolteca – que, de ser practicada, sin duda nos llevará a alcanzar una armonía y un equilibrio interno que parecen imposibles de lograr en un mundo tan agitado como en el que vivimos.  Desde luego, no escribiré textualmente lo que dice en el libro, sino lo que interpreté yo desde mi experiencia personal.  Por lo tanto, sugiero enormemente – si les gusta el contenido del artículo – que adquieran el libro, pues es dinero bien invertido.

Vayamos entonces al grano.  La introducción intenta hacer que veamos un poco hacia nosotros mismos y que nos demos cuenta de cuántas veces hemos aceptado las palabras de alguien más como una verdad, desconociéndonos nosotros mismos en el proceso y realizando un acuerdo mental con una opinión foránea que creemos totalmente válida.  Pasa con todas las personas y estructuras sociales que nos rodean y pueden hacernos caer en abismos muy profundos o impulsarnos a volar más allá de los límites de nuestro pensamiento.  Nos hacemos un sistema de creencias que usamos como código para evaluar las situaciones por las cuales atravesamos.  Me dijeron que soy alérgico al pescado, me dijeron que soy fe@, me dijeron que soy lind@, etcétera.  Nos lo dijeron, estuvimos de acuerdo y a partir de ese mismo momento comenzamos a comportarnos como si fuéramos alérgic@s, o fe@s, o lind@s.  <por esta misma razón lo que debemos hacer antes de comenzar a establecer nuestros cuatro nuevos acuerdos es tratar de romper con nuestros propios esquemas y ser vasos vacíos a la hora de aprender.  Dejar los prejuicios, opiniones formadas y todo lo demás de lado cuando nos dispongamos a aprender, a conocer, a experimentar.

Pasado este punto, nos movemos a través de las páginas a conocer los acuerdos, los cuales son:

  1. Se impecable con tus palabras: la palabra tiene un poder inmenso.  Puede generar en otros toda la gama de sentimientos conocidos, no sólo por la palabra misma sino por la entonación y el momento en el cual se usen.  Por ende, debemos ser siempre franc@s, sutiles y cariños@s con nuestras palabras dirigidas a l@s demás.  Igual que con la violencia física, la violencia verbal sólo genera más violencia, acuerdos negativos y arrepentimiento en la mayoría de los casos.  En lugar de gritar, humillar, insultar, ofender y maldecir; dediquémonos mejor a susurrar, aupar, elogiar, acariciar, bendecir y abrazar con nuestras palabras.
  2. No te tomes nada personal:  así como yo aclaré que lo que escribo aquí es lo que absorbí del libro y procesé a través de mi propio sistema de creencias y experiencias, cada cosa que alguien nos diga – sea buena o mala – va a estar influenciada en su totalidad por las circunstancias, la percepción y las creencias y experiencias de quien nos habla.  Por ello, no debemos tomarnos nada personal.  En muchos casos, una explosión de furia frente a nosotros no significa que nosotros seamos los responsables de ella.  Estrés, un mal día, en temperamento volátil…  ¿Somos responsables de algo de eso?  Pues claro que no y, por lo tanto, una respuesta teñida de estos matices no puede ser tomada como una verdad.  Igualmente, cuando nuestra madre nos dice que parecemos protagonistas de novela venezolana, no debemos dar demasiado crédito a sus palabras, pues obviamente están llenas de amor y son, desde luego, muy poco objetivas.
  3. No supongas nada:  en mis propias palabras, la suposición es la madre de los mayores malos entendidos de la historia universal y, seguramente, de la mayoría de los de nuestra propia historia personal.  Cuando suponemos, dejamos los hechos en la pista y mandamos a volar la imaginación.  Los temores se meten en medio y, listo, se crea la bomba de tiempo perfecta para que un detalle insignificante cree una explosión emotiva que genere gritos, insultos y demás elementos estridentes en las palabras que decimos.
  4. Haz siempre lo mejor:  cada vez que hagas algo, hazlo con el corazón, entrégate en cuerpo y alma a la tarea y nunca nadie podrá criticarte – ni siquiera tú mismo@ – que hayas conseguido o no la meta propuesta.  100% es lo que debes entregar de ti.  Y si haces lo que amas, o lo que quieres hacer, dar ese 100% no te costará nada porque lo harás de pleno agrado porque quieres hacerlo, no tienes que hacerlo.

Eso es lo que aprendí del libro – muy muy condensado…  Por lo menos las dos primeras veces que lo leí.  Seguramente cuando lo lea de nuevo, sacaré más y más información.  Por lo pronto l@s dejo con estos acuerdos que me han resultado muy valiosos y aplicables a la vida.  Nadie – ni Don Miguel Ruiz – espera que el cambio sea inmediato, sin embargo él mismo nos pide que demos el 100% de nosotros para tratar de mantener estos acuerdos cada día de nuevo aunque hayamos fallado en algún momento.

Palabras de Sabiduría:

Nuestra recompensa se encuentra en el esfuerzo
y no en el resultado.
Un esfuerzo total es una victoria completa.

Mahatma Gandhi

jueves, 29 de abril de 2010

Di que NO y sé feliz

Mis queridísimos lectores.  Es un inmenso placer tenerlos por estos rumbos entre letras e imágenes, donde se encuentran el pensamiento, las manos y el teclado para elaborar un rato agradable de lectura y/o discusión.

Comienzo por decir que mi intención nunca ha sido y nunca será cambiar su manera de pensar o sentir las cosas.  Cambiar o no hacerlo es enteramente decisión de ustedes y yo no debo tener nada que ver con eso.  Lo que pretendo con este blog es mostrar mi punto de vista para quien quiera verlo.  Darles herramientas para que evalúen su propio ser y vean que si no se sienten bien donde y como están, pueden cambiarlo.

Basándome en esa pequeña introducción comienzo con el tema que me entretiene.  El subestimado poder del NO.  ¿Cuántas veces nos ha sucedido que nos metemos en más cosas de las que podemos manejar por no decir un simple monosílabo como lo es NO?  Porque creo estar en lo cierto cuando pienso que cada uno de nosotros ha pasado por esa situación y no una, sino un incontable número de veces por no haber dicho algo tan simple como: NO.

Nosotros mismos contribuimos con frecuencia a incentivar este comportamiento.  Cuando pedimos algo, no queremos recibir un NO por respuesta, algun@s se entristecen, otr@s se molestan y habrá hasta quienes griten y peleen por recibir un NO cuando han solicitado, además de buena lid, algo para sí.

Pero me pregunto.  ¿Por qué debería hacer algo que alguien más quiere si no es mi deseo?  ¿Por complacerl@?  Tiene sentido para muchos este razonamiento.  “TENGO QUE llamar a…” o “TENGO QUE visitar a…” o “TENGO QUE hacer tal cosa…”.  Yo no sé a ustedes, pero lo que soy yo, disfruto haciendo las cosas porque las QUIERO hacer, no porque las TENGO QUE hacer.  Y supongo, aunque no soy muy dado a suponer, que ya salió la mitad a protestar porque “la responsabilidad te obliga a hacer las cosas”.

Bueno, les voy a contar un secreto: sus responsabilidades se las han impuesto ustedes mismos.  Padres, hijos, gastos, carros, hipoteca, alquiler…  Todo eso lo han ido buscando ustedes.  Si quieres una casa y te metiste en un crédito para comprarla no debería TENER QUE pagarlo, debería ser un placer pagarlo porque es TU CASA, es lo que querías.

Si me vas a dar una excusa, no me digas “no puedo porque TENGO QUE hacer algo”, dime “no puedo porque QUIERO hacer otra cosa” o, simplemente, “no quiero o no me provoca”.  Exprésame cual es tu querer – si así lo deseas porque tampoco estás obligad@ a hacerlo.

En el trabajo, la familia, los amigos, la calle…  En cualquier sitio te pueden pedir algo y debes estar consciente de que tu respuesta puede perfectamente ser un NO y no tienes nada que lamentar al respecto.  Es tu derecho a preferir hacer lo que tú quieres por sobre lo que los demás quieren.

Tengan en cuenta estas palabras y no olviden que siempre tendrán el derecho a disentir sin que eso sea algo malo.

Palabras de Sabiduría

La decisión está en ti
y aunque no lo supieras,
siempre ha sido así

Jesús “Silvarion” Sánchez

martes, 2 de marzo de 2010

Problemas… Una cuestión de puntos de vista

Por aquí estamos de nuevo, mis querid@s compañer@s de escritura, disertación y lectura.  En esta ocasión para hablar de algo que parece siempre estar presente en nuestras vidas, pero que muchas veces son increíblemente simples si le buscamos el lado bueno al asunto.

obstacle race En ocasiones nos podemos sentir acosad@s, abrumad@s y hasta arrinconad@s por los problemas.  Pareciera algunas veces que no hay salida posible de algunas situaciones y resulta que en realidad lo que creemos que es un problema no es más que una salida para lo que pudo haber sido un verdadero desastre.

Veamos lo siguiente.  Resulta que conocemos a alguien, salimos, compartimos y confiamos.  L@ dejamos entrar en nuestra vida y nuestro corazón.  De pronto algo sucede, por las razones que sean y desaparece emocionalmente (y físicamente también en la mayoría de los casos); sentimos tristeza, desazón, vértigo y hasta nos llegamos a deprimir.  ¿Y todo por qué?  Porque no vemos con amplio espectro…  Nos centramos en ver el problema y no todo lo que lo rodea.  Es como querer tomarse un vaso de agua desde la base.  No vemos los alrededores y nunca llegamos al tope del vaso.

13-salvando-obstaculos1Otras veces caminamos hacia una meta y de la nada surgen un  montón de inconvenientes que no nos dejan llegar cuando queríamos…  Suele suceder que tiempo después, analizando los hechos, nos damos cuenta de que ese tiempo que debimos esperar “en contra de nuestra voluntad” nos llevó a cruzarnos con personas que hoy en día son importantes en nuestra vida y que, de no ser por aquellos obstáculos tan molestos, no l@s hubiéramos conocido.

1302716164_2e456c762c En general, resulta que nunca vamos a enfrentarnos a un obstáculo sin las herramientas para poder superarlo; ya sea que las tengamos o que debamos conseguirlas).  Así que cuando estemos frente a un obstáculo, no debemos desesperarnos y tirar la toalla o frustrarnos o sentir que no podemos…  Todo lo que debemos hacer es ver cuál es la mejor vía para superarlo.  En algunos casos habrá que flanquearlo, en otros saltarlo, romperlo, empujarlo, apartarlo, pisarlo, levantarlo, disolverlo, desintegrarlo…  ¿Quién sabe qué más?

El punto es que si analizamos bien la situación y le buscamos la mayor cantidad de puntos de vista, las posibilidades de resolver el problema que tenemos en frente se hacen mayores.

Puntos de vista es todo lo que necesitamos para saber qué hacer. En la mayoría de los casos.  Veamos en todas las direcciones y desde todas las direcciones.  Luego, seleccionemos el mejor camino.

Imagen por Alejandra Laiton Galán Palabras de Sabiduría:

¿Qué es un espíritu cultivado? Aquel que puede mirar las cosas desde muchos puntos de vista

Henry F. Amiel

miércoles, 27 de enero de 2010

Cuando dirijas “mi vida”, suelta el lastre

Que gusto verl@s por aquí, mis muy estiumad@s lectoræs.

laser005 Hoy les propongo un ejercicio de imaginación.  Quiero que se vean a ustedes mismos como los capitanes de un barco.  El barco se llama “mi vida”. Imaginen cuando nacieron, les dieron un pequeño velero, un Sunfish o un Laser.  Estábamos dispuestos a navegar, pero apenas aprendíamos a surcar las olas…

En los momentos en los que la corriente parece ser tan fuerte que nuestra vela no podrá ayudarnos a salir de ella, llegan inmensos navíos (nuestros padres) y nos remolcan hacia aguas seguras donde podemos seguir practicando nuestras habilidades de navegación.  Mientras estamos en este diminuto velero, nuestra carga es mínima.  Viajamos libres hacia donde nos lleve el viento.  No vemos hacia atrás porque estamos sentados en la popa (la sección trasera de la nave) manejando el timón sólo tenemos ojos para lo que viene.

Fishing Sailboat, Bayahibe, La Romana, Dominican Republic Poco a poco vamos acumulando recuerdos, digo equipaje, y los vamos acomodando donde quepan.  Este equipaje es peso muerto.  Lastre.  Ocupa espacio y hace que naveguemos más lento.  Sin embargo, estamos tan aferrados a este lastre que decidimos que es hora de cambiar de navío.

sailship Así, un día cambiamos el barco.  Conseguimos uno un poco más grande y nos parece que tenemos una cantidad infinita de espacio para almacenar más lastre, más recuerdos, más equipaje.  Podemos ir relativamente rápido, pero nuestra capacidad de viraje se ve altamente disminuida.  Mientras antes podíamos dar una vuelta  en cualquier esquina, ahora necesitamos un espacio más grande y un esfuerzo mayor para lograr lo que antes parecía un movimiento casi natural.  Pero nos conformamos, porque todo el mundo parece tener naves de más o menos el mismo tamaño.

sailboat111607 Seguimos ganando experiencia y de pronto nos hallamos con un problema.  Debemos conseguir nuevamente un barco más grande aún para poder meter todo nuestro lastre.  Y tanto guardamos que de pronto nos encontramos rozando el fondo de las orillas, así que debemos mantenernos alejados de las playas porque de lo contrario, encallaríamos irremediablemente.

hydroptere2 ¿Cómo evitarlo?  Pues fácil.  Debemos desprendernos del lastre.  Debemos viajar ligeros.  El conocimiento no ocupa espacio, pero el rencor, la rabia, el odio y el dolor ocupan más espacio y pesan mucho más de lo que parece.  Al lanzarlos por la borda, habiendo aprendido lo necesario de ellos sin aferrarnos, veremos como nuestro navío flotará ligero como una vez lo hiciera el Sunfish.

En fin, mis muy querid@s compañer@s de aventuras de imaginación y lectura, lo que quiero decirles es que a través del tiempo podemos ir acumulando pensamientos y sentimientos que sólo lograrán atarnos y hundirnos en la vida.  En el mundo y en el futuro ya nos enfrentaremos a diversos problemas.  No es necesario que carguemos más en nuestras espaldas.  El lastre debe ser arrojado por la borda cada cierto tiempo, así garantizamos que nuestra nave pueda volar libre y virar en la dirección que nosotros, como capitanes al mando de “mi vida”, decidamos.  Porque una vez más les digo…  La decisión siempre es nuestra.

domingo, 17 de enero de 2010

Puedes dar lo que tienes…

Con frecuencia escucho cosas como: “es que él me tiene que dar seguridad”, “mi felicidad está con él (ella)”, “no sé cómo podría vivir sin él (ella)”…  Y pare usted de contar.

Si tú, que pasaste por esas líneas, no te sentiste identificad@ con ninguna de ellas, pues felicitaciones…  Espero que nunca digas nada por el estilo.

trust Constantemente nos vemos enfrentados a situaciones donde nuestra individualidad se ve, de alguna manera, contrastada ante un(a) amig@, un(a) parej@, la familia y otra diversidad de estructuras sociales que, sin la menor duda, necesitamos para vivir y realizarnos a plenitud.  Lo que yo veo como un error es basar nuestra propia felicidad, seguridad, comodidad o realización en las acciones de otra persona.

view Lo primero en nuestra vida, debe ser nuestra propia felicidad.  Y sí, puede sonar total y absolutamente egoísta, hasta egocéntrico, sin embargo lo digo pensando absolutamente en el bienestar general.  Y claro, se preguntarán algun@s ¿cómo es éso, si lo que se preocupa es por él mismo?  Simple.  Hablo de la felicidad de adentro hacia afuera.  Felicidad endógena.

heart ¿Qué significa?  Fácil.  Si estás centrado, en paz y de acuerdo contigo mismo, puedes ofrecer opiniones centradas, paz y acuerdos.  Si sientes amor por ti mismo, puedes ofrecer amor a los demás porque sabes lo que es, sabes cómo es y sabes cómo amar.  Ya el mismo Jesucristo nos lo dijo: Amad a tu prójimo como a ti mismo.  Y es que la implicación de estas palabras es que debes amarte a ti mismo por sobre todas las cosas.  Cuando lo hagas, podrás amar al prójimo de esa misma forma, no antes.

Love hands Hablando en términos de pareja, no podemos entonces querer estar con alguien para que nos haga feliz.  Debemos querer estar con alguien porque deseamos compartir nuestra felicidad con esa persona.  Debemos amar y ser amados, no depender o que dependan de nosotros.

Si lo miramos desde un enfoque sistémico (hablando como si fuéramos un sistema), nos sentimos bien cuando cada una de nuestras partes está bien.  Por lo tanto, si cada uno de nosotros está bien, las personas a nuestro lado van a estar bien y como unidad familiar estaremos bien, lo que llevará a que el siguiente nivel social está bien y así sucesivamente.

312083704aeWtHx_ph Esta premisa, puede ser aplicada a casi cualquier cosa, por no generalizar demasiado.  Pero, en cualquier caso, el asunto es que para poder entregar algo, debes poseerlo primero.  Si posees amor, puedes dar amor, si posees paz, puedes otorgarla.  Así que dedícate a ser feliz, que automáticamente podrás darle felicidad a quien se acerque a ti.

Muerta de la risa - Crop Si eres feliz, irradias felicidad…  Eres una fogata de buena vibra, quienes te ven, quienes pasan a tu lado, quienes te tocan, quienes te abrazan; tod@s ell@s lo notarán y como si fuera un virus extremadamente contagioso, comenzarán a sentirse mejor.  Así funciona, así es la felicidad y todo lo que de ella nace.  Cuando un niño se ríe, cuando se carcajea con esa inocencia y felicidad genuinas de su edad…  ¿A quién no se le dibuja, al menos, una sonrisa en los labios?
 
Frase del día:
La felicidad es altamente contagiosa.  Cuidémonos de no vacunarnos contra ella.
Jesús Alejandro Sánchez