Primero aclaremos el punto. Gallo dentro del argot popular de mi país (más específicamente de mi ciudad) significa lo que en términos anglosajones viene a ser un geek, un sujeto no tan genial como un nerd, con cierta hambre de conocimientos, con una vida social no demasiado ajetreada y con uno o más hobbies poco comunes. Los gallos suelen tener ciertos conocimientos que parecen inútiles en la mayoría de las situaciones. Pueden hablar de cosas tan profundas como teorías de relatividad hasta de nombres de personajes de caricaturas sin que tal cosa parezca fuera de lugar. La imagen típica del geek es la de un sujeto con anteojos gruesos, una camisa con un bolsillo lleno de bolígrafos, los pantalones casi llegándole al pecho y una parada poco ortodoxa, hombros encogidos, barriga afuera, rodillas semi-dobladas.
Hace poco hablé con alguien y le comenté de lo bien que me fue en una evaluación de trabajo. La respuesta no se hizo esperar: ¡Que gallísimo, tú! Considerando el tiempo de amistad, el tono y algunos otros detalles, lo consideré un halago. Sin embargo, más tarde pensando en tal cosa, me pregunté por qué en algún momento podría ser tal adjetivo considerado una ofensa.
La respuesta es sencilla, pero compleja a la vez. La sociedad suele odiar aquello que desconoce. Cuando algo se sale de los parámetros comunes pasa a formar parte de uno de dos grupos históricamente asociales: locos (si no tienen dinero) o excéntricos (si son multimillonarios).
Desde que somos niños, separamos los grupos colegiales en los chicos populares (o ratas o cool o como quiera que los llamen) y los que no lo son. Entre los que no lo son, hay un grupo particular que es el de aquellos que se preocupan menos por cómo se ven y más por lo que aprenden… Los Gallos.
Considerando que la información es poder y que el rumbo de la humanidad es hacia una sociedad de la información… No veo cómo el hecho de ser un gallo puede ser visto como algo malo.
Cada día aprendo algo nuevo, me gusta jugar en computadora, consolas, arcades y cuanta cosa exista. Me agradan algunas series, me encantan las caricaturas y conozco hechos tan ajenos al sentido común como que el pajarito que era mascota en la caricatura Heidi se llamaba “Pichí” y que el Match 5 tenía 7 botones en el volante. Igualmente puedo discutir con mi grupo de amigos gallos durante horas sobre temas como la muerte, la posibilidad cierta de que el Hadron Collider se esté saboteando a sí mismo desde el futuro después de haber sido disparado una vez y haber generado una onda de choque a que distorsiona la continuidad del tiempo haciendo que el experimento no pueda suceder porque la naturaleza del resultado es tan aberrante para la naturaleza que “el universo no quiere que suceda” o que las computadoras cuánticas están a apenas años de distancia. También juego rol y soy fan de Drizzt Dourden.
Con todo ésto en mente, sólo atiné a pensar:
¡Gracias Dios! ¡Que gallo soy!
Esta es una reflexión para que quienes alguna vez se sintieron fuera de lugar, quienes hoy se sienten fuera de lugar o quizás temen responder con displicencia una pregunta como: ¿qué animal es el que tiene varias cabezas, cuerpo de león, cola de reptil o de pescado y alas? Por cierto. Es una Quimera. O decir casi sin pensar ¡Perseo! Cuando te preguntan quién mató a Medusa. ¡Señoræs, bienvenid@s al grupo! Disfrútenlo y siéntanse más que en confianza.
Palabras de Sabiduría:
El conocimiento no ocupa espacio
Anónimo hasta que alguien chille